Devocionales

Destrozada con daños irreparables.

4 de octubre de 2018
Pero ahora, oh Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos el barro, y tú eres nuestro alfarero; todos nosotros somos la obra de tus manos. Isaías 64:8 (RVA 2015)

¿Hay algunos lugares rotos en tu corazón y en tu vida en este momento?

Sé lo difícil que puede ser.

Y hay una maravillosa historia cristiana que podría contarte. Es la de cómo podemos recoger las piezas rotas, pegarlas de nuevo y luego dejar que la luz de Dios brille a través de nuestras grietas. Esa es una historia hermosa.

Pero ¿qué pasa en los momentos en que las cosas no sólo están rotas ... sino que están destrozadas con daños irreparables? Destrozadas hasta el punto de polvo. Al menos cuando las cosas están rotas, hay alguna esperanza de poder pegar las piezas de nuevo.

Pero ¿y si ni siquiera quedan piezas para recoger frente a ti?

No puedes pegar polvo.

Es difícil contener el polvo. Lo que una vez fue algo tan precioso ahora se reduce a nada más que polvo sin peso que incluso el más mínimo viento podría llevárselo. Nos sentimos desesperadamente sin remedio. El polvo nos lleva a creer que las promesas de Dios ya no son aplicables para nosotras. Que el alcance de Dios se detiene justo antes de alcanzarnos. Y que la esperanza de Dios ha sido aniquilada por la oscuridad que nos rodea.

En los últimos años, he estado caminando a través de mi propia temporada de polvo. Y si pudiéramos sentarnos juntas a tomar café, imagino que tú también tendrías algún tipo de historia de destrucción y polvo para compartir conmigo. Nos parecemos en ese sentido. Estamos unidas por nuestras lágrimas, aunque nuestras circunstancias sean diferentes.

También estamos unidas en nuestro deseo de que Dios lo arregle todo. Que edite esta historia para que tenga un final diferente. Que repare esta desgarradora realidad.

Pero ¿qué pasaría si arreglar, editar y reparar no es en absoluto lo que Dios tiene en mente para nosotras con este rompimiento?

¿Y si, esta vez, Dios desea hacer algo completamente nuevo? Ahora mismo. En este lado de la eternidad. No importa lo imposible que parezcan nuestras circunstancias.

¿Sabes?, el polvo es el ingrediente exacto que a Dios le encanta usar.

Creemos que los destrozos en nuestras vidas no podrían ser para nada bueno. Pero ¿qué pasaría si el quebrantamiento es la única manera de devolver el polvo a su forma básica para poder hacer algo nuevo? Podemos ver el polvo como resultado de una ruptura injusta. O, podemos ver el polvo como un ingrediente crucial.

Piensa en un pedazo de hielo. Si el hielo permanece en un cubo, sólo es un cuadrado de hielo. Pero si el hielo se derrite, se puede verter en una forma hermosa para remodelarlo cuando se congela de nuevo. El polvo es muy parecido; es el ingrediente básico con un gran potencial para una nueva vida.

De todas las cosas que Dios podría haber usado para hacer al hombre, escogió usar polvo. Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente (Génesis 2:7, RVA 2015).

Jesús usó el polvo de la tierra para restaurar la vista de un hombre. Jesús dijo, Mientras yo esté en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en la tierra, hizo lodo con la saliva, y con el lodo untó los ojos del ciego (Juan 9:5-6, RVA 2015). Y después de que el hombre se lavó en el estanque de Siloé, regresó a casa viendo.

Y, cuando se mezcla con agua, el polvo se convierte en barro. El barro, cuando se coloca en las manos del alfarero, ¡puede moldearse en cualquier cosa que el alfarero sueñe!

Pero ahora, oh Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos el barro, y tú eres nuestro alfarero; todos nosotros somos la obra de tus manos. (Isaías 64:8, RVA 2015).

“¿No podré hacer yo con ustedes como lo hace este alfarero, oh casa de Israel?", dice el Señor. He aquí que ustedes son en mi mano como el barro en la mano del alfarero, oh casa de Israel (Jeremías 18:6, RVA 2015).

Oh, cómo amo y necesito la esperanza que Dios ha guardado en estos versículos.

El polvo no tiene que significar el final. El polvo es a menudo lo que debe estar presente para que algo nuevo comience.

No sé qué duras realidades te hayan dejado sintiéndote destrozada, amiga. Pero estoy segura de lo siguiente: podemos confiar en nuestro Dios. Podemos confiarle nuestro polvo.

Nuestras mayores decepciones y desilusiones —cosas que nos sacuden y nos rompen y nos hacen cuestionarnos sobre todo— no implican que toda esperanza está perdida. Podemos poner nuestra vida plenamente en manos del Alfarero. Podemos atrevernos a creer que del polvo está haciendo algo glorioso con nosotras.

Padre, confieso que no me gusta esto, no me gusta el polvo. Pero le recuerdo a mi alma que el polvo es uno de tus ingredientes favoritos que usas cuando quieres crear algo nuevo. Y estoy eligiendo creer que estás obrando hoy para hacer esto mismo en mi vida. En el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Apocalipsis 21:5, El que estaba sentado en el trono dijo: “¡He aquí yo hago nuevas todas las cosas!” Y dijo: “Escribe esto, porque estas palabras son fieles y verdaderas.” (RVA 2015)

REFLEXIONA Y RESPONDE

¿Hay algunos lugares en tu vida que se siente que están destrozados y hechos polvo? ¿En qué áreas de tu vida esperas un nuevo comienzo? Únete a la conversación aquí.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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