Devocionales

Temerosa de lo que estará a la vuelta de la esquina

9 de octubre de 2018
Bendito el hombre que confía en EL SEÑOR, y cuya confianza es EL SEÑOR. Será como un árbol plantado junto a las aguas y que extiende sus raíces a la corriente. No temerá cuando venga el calor, sino que sus hojas estarán verdes. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto. Jeremías 14:7-8 (RVA-2015)

Hay personas que les encantan ser sorprendidas, ¿verdad?

A estas personas les encantan las fiestas sorpresas. Les encantaría llegar al trabajo hoy y enterarse de que dentro de pocas horas darán comienzo a unas vacaciones sorpresas. Hasta les encantaría llegar a su casa y encontrar el equipo técnico de uno de esos programas de “cambio de imagen” y descubrir que tenían un vestuario completamente nuevo.

Las sorpresas son emocionantes para esas personas. Es la misma sensación que sienten algunas personas al subirse a una montaña rusa y justo cuando piensan que terminó el viaje, de repente comienza de nuevo, entrando en vueltas invertidas. Lanzan sus manos al aire y acogen la emoción de lo desconocido. Para aquellas personas es diversión.

Para mí, no.

Normalmente puedo controlar mi aversión a las sorpresas en todas las situaciones mencionadas arriba.

Ya que mis amigas me conocen bien, no me hacen fiestas sorpresas. Nadie tiene planificado sorprenderme con unas vacaciones o un vestuario nuevo. Y antes de subirme en una montaña rusa me aseguro de haberla revisado por completo y conozco bien su ruta.

Pero la vida no es así.

La vida da giros y vueltas inesperadas en aquellos lugares donde pensamos que serán llanos y tranquilos. La vida hace eso. A veces la vida nos toma por sorpresa.

Al fin y al cabo, supongo que es por esa razón que no me gusta que me sorprendan. No soporto sentirme desprevenida. Me hace sentir expuesta y asustada.

Pero poco a poco, estoy aprendiendo que no siempre es malo ser sorprendida.

Ese sentimiento de vulnerabilidad nos recuerda que tenemos necesidades más allá de lo que podemos manejar. El sentirse expuesta y asustada nos recuerda que necesitamos a Dios. Desesperadamente

Completamente.

Y es justo ahí, en ese espacio entre lo que pensamos poder manejar nosotras mismas – y lo que no podemos - donde la fe tiene la oportunidad de hacer crecer raíces profundas. Unas raíces que se arraigan profundamente en la esperanza, el gozo y la paz que solo Dios puede ofrecer.

Mi fe no solo necesita crecer en tamaño…también necesita crecer en profundidad. Sí, necesito una fe con raíces profundas, como el creyente en Jeremías 17:7-8, Bendito el hombre que confía en EL SEÑOR, y cuya confianza es EL SEÑOR. Será como un árbol plantado junto a las aguas y que extiende sus raíces a la corriente. No temerá cuando venga el calor, sino que sus hojas estarán verdes. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto.

¿Y cómo cultivamos raíces profundas?

Cultivamos raíces profundas espirituales de la misma manera que un árbol físicamente cultiva raíces profundas. Las raíces de un árbol nunca atravesarán el dolor o el esfuerzo de arraigarse más hasta que el agua de la superficie deja de satisfacerle. Se encuentra agua en las profundidades. Después de pasar por las dificultades para llegar al agua más profundo, viene la recompensa: las raíces más profundas ayudan al árbol soportar los azotes de viento de las tormentas más fuertes.

Y llegarán esas tormentas. Un árbol con raíces superficiales está en grave peligro de ser desarraigado y tumbado.

Nosotras somos muy parecidas. Ir en busca de cosas pocas profundas dará fruto a una creencia poca profunda, y nos dejará vulnerables a caernos. Sin embargo, el ir en busca de cosas más profundas dará fruto a una creencia más profunda, y nos preparará para poder mantenernos firmes, sin importar lo que venga en contra de nosotras.

Las raíces profundas nos mantienen seguras en el amor de Dios cuando llega el temor.

Las raíces profundas nos anclan en la verdad que Dios está en control cuando las “sorpresas” de la vida soplan como vientos fuertes.

Las raíces profundas nos mantienen tranquilas y estables en la paz de Dios durante la tormenta inesperada, que no apareció en el radar.

Las raíces profundas encuentran sustento en la gracia de Dios cuando la superficie se seca terriblemente.

Las raíces profundas permiten un crecimiento de fe en Dios que previamente no era posible.

Estoy aprendiendo a no temer lo que pueda estar a la vuelta de la esquina—aunque me agarre desprevenida. Simplemente cierro mis ojos y le susurro al Señor … con más profundidad.

Querido Señor, las raíces profundas de fe es lo que necesito desesperadamente. Ayúdame a dar los pasos cada día que profundizarán mis raíces – particularmente cuando tengo que confiar en Ti en medio de situaciones vulnerables. Cuando ocurre lo inesperado … cuando los vientos de cambio soplan … cuando las tormentas más feroces intentan desarraigarme… quiero ser encontrada como una mujer quien confía en Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Salmos 9:10, En Ti confían los que conocen Tu nombre, porque Tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan. (NVI)

REFLEXIONA Y RESPONDE

¿Cómo te consuela el saber la verdad que Dios te sostendrá en los momentos difíciles?

¿Qué pasos específicos puedes dar ésta semana que te ayudarán a estar plantada firme, cerca del Señor? (Por ejemplo, memorizando un versículo bíblico, orando, etc.)

© 2018 por Lysa TerKeurst. Derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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