Devocionales

Tres cosas que toda mamá debe saber

9 de mayo de 2019
Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Efesios 6:10 (NVI)

El ser mamá es un gran honor y uno de los regalos más preciosos de mi vida, pero a la vez, es difícil ser mamá.

Es difícil cuando los hijos aún están pequeños. Pero también existen días difíciles cuando los hijos ya son adultos, como lo es en mi caso, y tal vez sea igual para ti.

Uno de mis desafíos más grandes como madre, ha sido mi tendencia a culparme por las malas decisiones de mis hijos.

El segundo desafío más grande para mí, es descubrir la mejor forma de ayudarlos a manejar las situaciones difíciles en su vida. Es aún más difícil hacerlo cuando estoy muy consciente de que esas situaciones conllevan grandes consecuencias.

Para una madre, el sentir esa impotencia puede causar profunda aflicción.

Gracias a nuestro Dios, Él sabe cómo lidiar con un hijo descarriado. Él siente nuestro dolor. Él conoce nuestra aflicción. Y Él bien sabe como alentarnos a través de Su Palabra.

Efesios 6:10-12 nos dice: Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. (NVI)

Basándonos en estas verdades, hay tres cosas que toda mamá debe saber:

1. Dios no nos llama a encontrar poder dentro de nosotras mismas para vencer las situaciones que enfrentamos con nuestros hijos.

Él nos llama a vestirnos con toda Su armadura, ya que la batalla que estamos enfrentando es de proporciones épicas. Y Sus armas no son vanas, ni son pequeñas sugerencias que tal vez funcionen, sino que son armas eficaces.

Su cinturón de la verdad. Debo enfocar mis pensamientos descontrolados en la seguridad del amor de Dios para mí y para mi hijo(a).

Su coraza de justicia. Debo dejar de reaccionar según la carne y optar por luchar con mis alabanzas y oraciones.

Su evangelio de la paz. Debo caminar con seguridad y paz al reconocer que, aún sin ver los cambios, Dios está obrando a favor de mi hijo(a).

Su escudo de la fe. Debo de confiar en Sus tiempos y Sus maneras.

Su yelmo de salvación. Debo confiar que el mayor deseo de Dios, es que mis hijos tengan una relación cercana con Él. Y aún cuando la situación no parece estar relacionada con ese propósito, Dios traerá algo bueno de esa situación.

Su espada, la Biblia. Cada día debo leer la carta de amor de Dios escrita para mí. Y debo aferrarme a esas verdades como a un salvavidas que Dios provee para dar seguridad a mi corazón tembloroso.

Su regalo, la oración. Debo ver la oración como mi primer recurso, y como lo primero que las guerreras valientes harían, y no como mi última opción.

Efesios 6:13-18 nos asegura, que si nos vestimos de todas estas armas, podremos ponernos de pie y usarlas para alcanzar el poder más allá de nosotras mismas.

2. La batalla que enfrentamos no es en contra nuestro hijo(a) y sus decisiones.

Muchas veces sentimos que la batalla es contra nuestro hijo(a). Pero en realidad, la batalla es contra las artimañas de Satanás.

Habrán luchas que enfrentamos con nuestros hijos que parecen imposibles de ganar porque Satanás distorsiona la verdad, él no nos deja ver las consecuencias y nos ciega a la realidad. Sus maquinaciones están perfectamente diseñadas sabiendo nuestras debilidades.

Así que, nos toca luchar en contra de Satanás. Él es el verdadero enemigo. Y porque somos las niñas de Jesús, tenemos en nuestras manos el poder de la victoria a través de nuestras alabanzas y nuestras oraciones a Dios.

3. La batalla está ocurriendo en las regiones celestiales.

Cuánto quisiera luchar por mis hijos con lo visible, pero me doy cuenta de que esto no es suficiente. Así que debo luchar con lo único que puede alcanzar esas regiones celestiales: mi alabanza y mi oración. Alabar a Dios por quién es Él, y orar a Él para quitar la influencia de Satanás en la situación.

Si alguna vez soy tentada a dudar del poder de la alabanza y la oración, debo acudir a 2a Crónicas 20:1-27, cuyos versículos consuelan el corazón de una madre. Es una historia maravillosa de cuando los hijos de Dios se sentían abrumados al enfrentar un gran ejército, pero cuando ellos comenzaron a cantar y alabar a Dios, su enemigo fue derrotado.

La oración y la alabanza a Dios abren la puerta al poder de Dios.

Las alabanzas y oraciones de los hijos de Dios cerraron la brecha entre sentirse sin poder y el experimentar el poder de la victoria. Y funciona igual para nosotras.

Aun cuando no alcanzo a explicarlo todo, puedo proclamarlo. Nuestras oraciones y nuestras alabanzas son poderosas y efectivas.

Es cierto que el ser mamá es un trabajo duro, pero no estamos solas. Dios entiende nuestras luchas por nuestros hijos que se desvían.

Dios es el padre perfecto, y como Él ha lidiado con este tema desde el principio de los tiempos, considero que Su consejo es el mejor que podemos recibir.

Dios Padre, muchas gracias por haberme provisto la vestimenta perfecta para luchar por mis hijos. Hoy elevo mi oración y mi alabanza a Tí, confiando en que veré una victoria poderosa en sus vidas. En el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Salmos 144:1, Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla. (NVI)

REFLEXIONA Y RESPONDE

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© 2020 por Lysa TerKeurst. Derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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