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Lo que tienes en común con un vestido de la Princesa Diana

26 de febrero de 2020
Sea sobre nosotros la gracia del SEÑOR nuestro Dios. La obra de nuestras manos confirma entre nosotros; sí, confirma la obra de nuestras manos. Salmo 90:17 (RVA-2015)

Cuando era más joven, mi madre trabajaba como modista en la industria de la moda en Inglaterra y trabajaba para un par de diseñadores famosos.

En cierta ocasión, le asignaron costurar un vestido de noche elegante, de color negro. No le habían dicho el nombre de la clienta porque solo los diseñadores principales se reunieron con la clienta misteriosa para hacerle las pruebas y ajustes. No fue hasta que entregaron el vestido y la clienta lo estrenó, que mi madre se dio cuenta que estuvo trabajando en el vestido de la Princesa Diana.

Ese momento llegó a ser uno de los más legendarios en nuestra familia: nuestra madre talentosa creó un vestido para la amada princesa. ¡Ni siquiera lo sabía en ese momento!

Creo que esta historia capta algo sobre nuestro trabajo en esta tierra que muchas veces pasamos por alto.

Nuestra perspectiva en este mundo es muy estrecha. No nos percatamos de todos los momentos de “los vestidos de la Princesa Diana” en nuestras vidas. En el momento que recibimos la perspectiva del cielo, Dios nos hará ver que todos estos momentos ordinarios y rutinarios, según nosotras, eran en realidad momentos extraordinarios según los valores del cielo.

Durante el año pasado, he estado estudiando una mujer de la Biblia quien es un ejemplo de esta realidad: Priscila. Era esposa, amiga, curtidora y una sierva de Cristo. En su propia vida, Priscila, probablemente no era consciente de que sus elecciones sencillas tendrían una influencia tan excepcional y extraordinaria.

Priscila abría su casa, junto a su marido Aquila, para reunirse como iglesia. Ambos enseñaban las riquezas del evangelio. Ellos sirvieron con Pablo e incluso ayudaron a salvar su vida.

Sin embargo, Priscila no podría haber comprendido completamente las consecuencias trascendentales de esas pequeñas reuniones en su casa. No podría haber sabido todo lo que lograría con cada abrazo, cena modesta, enseñanza sabia o consejo de una madre espiritual. Ella no habría tenido ninguna manera de saber cómo cada oración, cada muestra llena del amor de Dios, cada noche sirviendo sin dormir, ayudarían a transformar al mundo.

¡Y claro que transformó el mundo!

Aunque Priscila, Aquila y sus amigos empezaron con unas reuniones pequeñas en su casa, años después, su fe y servicio se extendieron por todo el mundo. Grecia llegó a ser un país cristiano. Roma llegó a ser cristiano. El mundo gentil se encendió con la fe y corazones volvieron a Jesús a través de los siglos. El cambio tan grande en el mundo se debe en gran parte a la fidelidad sencilla de Priscila, quien cumplió las tareas aparentemente humildes que Dios puso delante de ella. Ella permitió que Dios confirmara las obras de sus manos. Y ella honró las palabras del salmista:

Sea sobre nosotros la gracia del SEÑOR nuestro Dios. La obra de nuestras manos confirma entre nosotros; sí, confirma la obra de nuestras manos (Salmo 90:17).

Pienso en mi propia vida hoy, ¡qué pequeña y limitada parece a veces! ¡Qué mediocre! Y aun así, al igual que con Priscila, cuando tú y yo elegimos dar un paso fiel en este momento o levantamos en nuestro agotamiento una oración rendida a Dios sobre nuestro trabajo, estamos cumpliendo un destino y finalidad más grande de lo que podíamos haber pensado o imaginado. Estamos cosiendo unos vestidos de princesas aunque parece que estamos simplemente cumpliendo con nuestras responsabilidades diarias.

Como hijas de Priscila, somos madres espirituales, hacedoras de tiendas y guerreras de la oración.

Hospedamos al pueblo de Dios en nuestras casas y luchamos por la fe. Nos cansamos pero perseveramos. Nos sentimos abrumadas pero seguimos amando con valentía. Afrontamos peligros y nos mantenemos firmes. Estas son decisiones heroicas. No dudes eso. Son decisiones poderosas ante los ojos de Dios. Son cosas de la eternidad, la llave para abrir destinos celestiales. Cambian el trabajo rutinario en vestidos para princesas.

Si a veces, estás tentada a pensar que tu trabajo no sirve de mucho o si sientes que es algo pequeño y sin importancia, que “malgastas” tu vida en tareas tediosas, toma un momento ahora mismo y pide a Dios que te dé unos ojos para ver los “vestidos de princesa” que Él ha confiado a tu cuidado.

Señor, hazme recordar que como Priscila, mi trabajo rutinario y mis elecciones sencillas de amar, perseverar y orar en medio de mis labores conducen a un destino extraordinario. En el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Colosenses 3:23, Y todo lo que hagan, háganlo de buen ánimo como para el Señor y no para los hombres. (RVA-2015)

 

Como devocional patrocinado, las dos secciones siguientes pueden contener enlaces de contenido solo en inglés.

RECURSOS ADICIONALES

Si te gustaría ser transportada al mundo de Priscila, puedes leer la novela titulado Daughter of Rome escrita por Tessa Afshar. Una novela de impecable investigación y detalles vividos, es una emotiva historia de amor y un viaje de sumersión a través de Roma y Corinto del primer siglo que ayudará que la Biblia cobre vida.

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¿Puedes pensar en una cosa de tu vida que es un vestido de princesa ante los ojos del cielo? ¡Únete a la conversación y comparte tus pensamientos!

© 2020 por Tessa Afhsar. Derechos reservados.

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