Devocionales

Lo que desmorona nuestra fe

16 de abril de 2020
Allí me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la región oriental, descienden hasta el Arabá, y van a dar al Mar Muerto. Cuando desembocan en ese mar, las aguas se vuelven dulces. Ezequiel 47:8 (NVI)

El trauma tiene una manera de lograr que perdamos la esperanza. Comenzamos a dudar de que Dios pudiese realmente crear vida nueva de algo tan muerto...tan terrible.

En mi propia vida, ha habido áreas de devastación en las cuales dudé que Dios realmente pudiese traer restauración. E hice más que dudar — le dije a Dios plenamente que no podía creerle en cuanto algo tan imposible.

Confié en que Él me ayudaría a sobrevivir. ¿Pero el revivir cosas desesperadamente muertas? Estaba demasiado cansada y traumatizada por lo que ya no lograba ver para tener esperanzas en algo más allá de lo obvio.

Tal vez estés en ese lugar en este mismo momento — incapaz de tener esperanzas más allá de la angustia que tienes de frente. Es por eso que quiero que miremos un pasaje de la Escritura aparentemente improbable, pero te prometo que contiene gran esperanza.

En el capítulo 47 de Ezequiel, encontramos al profeta Ezequiel compartiendo los detalles de una poderosa visión que Dios quiere transmitir a Su pueblo desterrado. Es una promesa de restauración pronunciada a corazones que posiblemente estaban cautelosos en cuanto a recibir esperanza después de pasar muchos años en cautiverio.

Más Dios quiere que sepan lo que aún quiere que sepamos hoy: siempre hay esperanza con Él.

Hacia el final de la visión de Ezequiel (un recorrido del templo que comienza en Ezequiel 40), él se encuentra de vuelta en el patio interior donde ve agua escurriéndose desde el umbral del templo. Es un caudal milagroso que aumenta de un goteo a un río tan profundo que no se puede pasar. (Ezequiel 47:3-5)

Pero es el punto final del agua lo que quiero que tengamos en cuenta.

Ezequiel 47:8 nos dice, Allí me dijo [El Señor]: «Estas aguas fluyen hacia la región oriental, descienden hasta el Arabá, y van a dar al Mar Muerto. Cuando desembocan en ese mar, las aguas se vuelven dulces.

Estas palabras reflejan las de la profecía de Zacarías en cuanto al día en que Jesús regrese, y pondrá Sus pies en el monte de los Olivos. Zacarías dice, Ese día saldrá agua fresca de Jerusalén. La mitad del agua saldrá al mar oriental, y la otra mitad saldrá al mar occidental (Zacarías 14:8a, PDT).

El “mar” al cual se hace referencia en ambos pasajes es el Mar Muerto, ubicado a 26 kilómetros al este de Jerusalén. El Mar Muerto está a unos 396 metros bajo el nivel del mar, de modo que es el punto más bajo en la superficie terrestre.

Aunque el agua dulce fluye hacia el Mar Muerto desde el Jordán y otros ríos, su contenido de sal excepcionalmente alto (más del 24%) imposibilita la vida. No solo los peces no pueden vivir en él, sino que cualquier pez desafortunado que descienda del Río Jordán morirá en este mar salado.

¡Y aún así, Dios promete que Él sí traerá vida a este cuerpo de agua imposiblemente muerto!

Esta es una imagen tan hermosa de lo que Dios promete a la humanidad caída. Vivimos en un mundo que es severo, desolado y lleno de dolor. Pero así como Ezequiel profetizó del agua dulce y sanadora que fluirá desde Jerusalén, tenemos la promesa de un nuevo mundo cuando Cristo regrese y restaure todas las cosas.

También tenemos la esperanza ahora mismo de la vida abundante de Cristo que fluye dentro de nosotras. Inundando cada rincón oscuro y cada espacio quebrantado con Su luz, y vida sanadora (Juan 4:10-14; Juan 7:37-39). Ayudándonos a florecer donde nos habíamos resignado a simplemente sobrevivir.

No sé lo que está sucediendo en tu vida que se siente demasiado muerto o demasiado deteriorado para que Dios lo toque, querida amiga.

Pero sí sé que lo que hace que nuestra fe se desmorone no es la duda. Es estar demasiado segura de las cosas equivocadas.

No puedo prometerte que Dios se moverá de todas las formas que anhelas hoy ó incluso en este lado de la eternidad. Pero no importando cómo resulten tus circunstancias, recuerda que con Dios siempre hay esperanza, siempre hay redención, y todo lo que Él toca, lo puede transformar.

Dios Padre, estoy tan agradecida de que Tus planes son buenos, incluso si no coinciden con lo que yo deseo. En Ti, siempre tengo esperanza. Cuando todo parece final, Tú me recuerdas que tienes la última palabra. Ayudame a fijar mis ojos en Ti hoy. En el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Juan 7:38, De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva. (NVI)

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© 2020 por Lysa TerKeurst. Derechos reservados.

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