Devocionales

Cuando es difícil compartir las luchas íntimas

29 de abril de 2020
Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo. Gálatas 6:2 (NVI)

Katie parecía nerviosa. Casi asustada. Me preguntaba qué estaba pasando por su mente.

Ella se acercó un poco más y luego dudó. Parecía que había cambiado su mente e iba a darse la vuelta. Antes de que tuviera la oportunidad de irse, hice contacto visual con ella y le di una sonrisa cálida y tranquilizadora. Esto fue todo lo necesario para hacerle saber que me importaba.

Con sus ojos llenos de lágrimas y el rímel corriendo por su rostro, le di un fuerte abrazo. Nos quedamos allí por varios minutos mientras ella sollozaba. Lo que estaba sucediendo dentro de su mente, obviamente, había estado guardado por bastante tiempo.

El momento de la verdad finalmente había llegado para Katie.

Durante la siguiente hora, Katie compartió su historia de lucha y vergüenza. Años y años de dolor finalmente estaban saliendo a la superficie. Por primera vez, confesó su batalla de varios años con la pornografía. Tan pronto como Katie sacó a la luz este secreto, sintió como si le hubieran quitado un gran peso de los hombros. Esta ya no era una batalla para combatir sola. Ahora, ella tenía refuerzos.

Katie y yo pasamos un tiempo increíble juntas ese día. Oramos, lloramos y diseñamos un plan de batalla serio que la ayudaría a caminar en gracia, perdón y victoria desde ese momento en adelante. Después de que Katie se secó las últimas lágrimas de sus ojos, la miré y le pregunté gentilmente por qué había esperado tantos años para compartir sobre su batalla con la pornografía. Su respuesta fue simple, pero profundamente triste.

Ella dijo: «Siempre pensaba que la lujuria era un problema de hombres, no un problema de mujeres. Asumía que era la única chica que luchaba con la pornografía, así que lo mantuve como un secreto profundo y oscuro. No fue hasta que te escuché compartir sobre tus luchas secretas que finalmente me sentí libre de compartir sobre mis luchas sexuales. Hoy fue la primera vez que me di cuenta de que no era la única chica que luchaba con la lujuria».

A través de los años, he escuchado de cientos de mujeres como Katie que valientemente pidieron ayuda. A menudo pregunto por qué ellas se quedan calladas.

Sus respuestas son casi siempre las mismas: «Sentía que era la única mujer que luchaba. No había forma de compartir mis luchas cuando sentía que nadie más podía relacionarse».

Cada una de estas mujeres concluyó que era la única – la única mujer en el mundo que luchaba con la lujuria. En lugar de abrirse y compartir sobre sus problemas, muchas de ellas sentían que debían pasar por el camino solas. ¿Cómo podrían abrirse y compartir, si nadie más podría relacionarse?

Vivimos en una época en la que abundan las relaciones superficiales. A menudo las relaciones de pareja, los matrimonios, las amistades e incluso las relaciones familiares permanecen en un nivel superficial.

A pesar de cuántas de nosotras anhelamos conocer y ser conocidas en un nivel más profundo, podemos encontrar que es extremadamente difícil alcanzar ese nivel de intimidad. Queremos profundizar, pero a menudo tenemos miedo o no estamos seguras de cómo hacer que suceda.

Sin embargo, también hemos tenido que lidiar con luchas reales en esta área de la vida. ¿Qué vamos a hacer?

Capítulo 6 de Gálatas nos recuerda la importancia de alentarnos unas a otras cuando estamos luchando con el pecado: Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo (Gálatas 6:1-2, NTV).

Cambiar la narrativa sobre cómo muchas de nosotras luchamos, particularmente con la lujuria, será de gran ayuda para las mujeres centradas en Cristo. Con más personas hablando de esto como un problema humano (no solo un problema de hombres), espero que más mujeres sean honestas sobre sus luchas. Como mujeres quebrantadas sexualmente, estamos todas juntas en esto. Todas necesitamos ayuda, ánimo y esperanza. Hagamos frente al desafío de estar ahí la una para la otra.

Señor, gracias por diseñarme para la intimidad y gracias por permitirnos ser honestas sobre los problemas que estamos enfrentando. Genuinamente queremos la victoria a través del poder de Cristo. Ayúdanos a compartir las cargas de los demás mientras luchamos juntas en esta batalla. En el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Colosenses 3:12-13a, Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. (NVI)

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RECURSOS ADICIONALES

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