Devocionales

¿Son siempre buenas las “cosas de Dios”?

20 de mayo de 2020
Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Romanos 8:28 (RVA-2015)

Seis meses después de casarnos, perdimos nuestro primer bebé. Fue devastador e inesperado. Casi tan inesperado como el embarazo en primer lugar. No estábamos seguros de cuándo íbamos a formar una familia, pero cuando esa primera prueba de embarazo salió positiva, nos hizo enamorarnos perdidamente de ese pequeñito que crecía en mi vientre. ¡Éramos padres!

Hasta que llegó el momento en que ya no lo éramos.

La pérdida comenzó casi tan pronto como comenzamos a celebrar. Estaba confundida. Todavía no le habíamos pedido a Dios un bebé. Entonces, ¿por qué nos dio uno y luego lo arrancó al siguiente momento? Tenía la esperanza de que, si me sentaba con las piernas cruzadas, podría detener el sangrado. Me preguntaba cómo era posible querer algo demasiado cuando había sido lo más alejado de mi mente unas semanas antes.

A pesar de todas nuestras oraciones, grandes píldoras de progesterona y reposo en cama, perdimos a nuestro bebé. Mis padres volaron a visitarnos la semana siguiente, y mi papá entró por la puerta de nuestro pequeño departamento con una enorme planta verde.

«Es un lirio de paz», dijo, mientras lo dejaba cerca de una gran ventana. «Pronto crecerán flores grandes, hermosas y blancas».

Cuidé esa planta en un esfuerzo por demostrarle a Dios que sería una buena madre. Esta planta bebé no moriría; lo prometí. La rociaba con agua, la sacaba afuera para tomar el sol directo, abría las persianas todas las mañanas y luego las cerraba todas las noches. Sacudía el polvo de sus hojas y hacía de todo, excepto cantarle canciones de cuna.

Sin embargo, nunca floreció.

Me prometieron flores grandes, hermosas y blancas todas las mañanas, pero la planta seguía sin flores. Estaba fallando una vez más en traer vida al mundo.

Mi papá llamaba a menudo. «Para revisar cómo iba la planta», decía, pero ahora me doy cuenta de que necesitaba un motivo para saber cómo estaba su pequeña niña. «Todavía no hay flores» le respondía.

Meses después, me encontré sosteniendo otra prueba de embarazo positiva. Sentimientos de miedo siguieron de inmediato. Probablemente también perderemos a este bebé. Estaba segura de que esa era la historia que Dios estaba construyendo para nosotros, una de dolor, pérdida y desilusión. Le supliqué que hiciera que este embarazo continuara y contenía el aliento cada vez que iba al baño.

Una mañana, después de pasar por la esquina de la cocina a nuestra sala de estar, mis ojos se fijaron en la planta de lirios de paz cerca de nuestra ventana.

Algo me llamó la atención. Una pequeña astilla blanca se asomaba por debajo de la jungla de hojas verdes. Me acerqué, atónita. Mis dedos se extendieron para tocar el pétalo sedoso y liso que estalló a través del envoltorio verde del tallo. ¡Estaba floreciendo! ¡Mi lirio de la paz finalmente estaba floreciendo!

Fue un susurro de Dios. Una pequeña señal de que vio mis pensamientos ansiosos y quería que estuviera en paz. Su plan es bueno. Siempre es bueno. Fue bueno todo el tiempo. Era un recordatorio visual de Romanos 8:28, que dice: Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Sé que Dios no siempre responde a nuestras oraciones exactamente de la manera que esperamos, pero siempre las contesta.

Respiré profundamente. Era hora de relajarnos y disfrutar del comienzo de nuestra nueva vida como padres.

Nueve meses después, trajimos a Jonah (Jonás - que significa “paloma: un símbolo de paz”) a casa desde el hospital y le presentamos el lirio de paz, con las flores ahora de pie y más altas que las hojas.

«Dios nos sostiene, mi niño», susurré en sus mejillas blandas mientras él dormía en mi pecho. En ese momento me sentí vista por un gran Dios a quien le importan los pequeños detalles.

Dios, gracias por ser siempre bueno. Gracias por ver y preocuparte por los pequeños momentos en nuestras vidas y por enviar señales y susurros de que estás cerca. Gracias por la promesa de que trabajas todas las cosas  para el bien de quienes te aman. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Éxodo 14:14, Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes. (NVI)

Juan 14:27, La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden. (NVI)

Recursos Adicionales

¿Qué pasaría si nos detuvieramos y buscáramos señales de Dios? ¿Qué sucedería si miramos nuestra vida como una hermosa aventura que Dios ha escrito y nosotras descubrimos? El libro debut de Rebecca Smith, A Better Life: Slowing Down to Get Ahead, nos reta a ir despacio, ser la tortuga y no perder la vida que nos ha dado.

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Rebecca Smith es la fundadora de Better Life Bags, una compañia de bolsas personalizadas que emplea mujeres del lugar quienes enfrentan obstáculos en obtener empleo. A Rebecca le encanta alentar y entrenar a emprendedoras jóvenes y le apasiona recordarles a las mujeres que en cuanto a realizar sus sueños, siempre debemos valorar los empujones de Dios sobre trabajar duro. Rebecca vive con su esposo Neil en Michigan donde ambos trabajan en su compañia Better Life Bags. Tienen cuatro hijos increíbles: Jonah, Clara, Corbin, y Gavin.

© 2020 por Rebecca Smith. Derechos reservados.

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