Devocionales

Cuando nos cansamos en la espera

27 de julio de 2020
Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó: —No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado. Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo. Hechos 1:4-5 (NVI)

Con cada paso, un dolor punzante se disparó desde mi talón hasta la base de mi cuello. Durante casi cinco años, el dolor en los nervios había sido una amenaza desagradable, entrometiéndose en los momentos más inoportunos.

Andábamos atrasados para llegar a una obra de teatro, y todavía necesitaba agarrar la cámara, empacar la bolsa de pañales y abrochar los zapatos. Estaba decidida a llegar a tiempo, entrando al auditorio como una "familia perfecta", unida por pegamento de supermamá.

Esa noche, en la cama, con la ayuda de mis dos mejores amigos - la almohadilla térmica y la crema muscular - mi esposo preguntó: «¿Qué pasó esta noche?».

Evitando su mirada, permanecí en silencio, aunque sabía exactamente lo que había sucedido. Yo había ignorado las instrucciones de mi médico de descansar y esperar unas semanas más, antes de realizar actividad física. Pero me dije, no necesitas más tiempo de inactividad; ya estás lista y puedes volver a tu rutina completa.

Soportando el dolor físico y espiritual, luché con Dios.

¿Por qué no me has sanado? ¿Por qué dejas que mis hijas vean a una mamá tan débil? ¡Necesitan que yo sea fuerte! No estoy pidiendo poder correr una maratón; ¡solo quiero poder moverme durante todo el día!

Enojada, pensando que el Señor estaba "deteniéndome", apagué la luz, cubrí mi cabeza con las sábanas e intenté dormir.

Incapaz de conciliar el sueño, me levanté y me dirigí a la sala de estar. Mi mente vagó hasta aterrizar en un pasaje que había leído ese día: Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó: —No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado. Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 1:4-5).

Jesús pasó 40 días después de Su resurrección preparando a Sus discípulos para difundir las buenas nuevas. Los imaginé ansiosos y entusiasmados por comenzar su misión, pero Jesús les dijo que esperaran. No debían ir a ningún lado hasta que recibieran el Espíritu Santo para que los acompañase.

Pero el siguiente versículo revela que el enfoque de ellos estaba en otra parte; querían saber cuándo volvería Jesús para establecer el Reino de Dios en la Tierra. Jesús les dijo que no deberían preocuparse por ese momento, sino que esperaran al Espíritu Santo, a quien necesitarían mientras salían como testigos de todo lo que habían visto y oído. (Hechos 1:7-8)

Me apresuro a juzgar la respuesta de los discípulos a las órdenes de Jesús, pero soy igualmente culpable de ignorar las instrucciones de Dios para hoy, prefiriendo enfocarme en mis planes para mañana.

Jesús sabía que los discípulos fallarían en sus propias fuerzas, y lo mismo es cierto para nosotras. Dios quiere que confiemos en Él y prestemos atención a Su tiempo, incluso cuando creemos que estamos listas para la acción.

La tendencia a estropear el tiempo de Dios, cuando se siente como si la vida se moviera demasiado lenta, no fue exclusivamente mi situación. Como una abeja reina, a menudo me muevo a mi propio ritmo alborotado, solo para sufrir consecuencias físicas y espirituales. En esos momentos, lo único que mitiga el dolor en mi corazón herido por el pecado, es confesar mi rebelión y rendirme a la voluntad del Señor en lugar de la mía.

Hoy, Dios les da a Sus hijos el mismo Espíritu Santo para guía, consuelo y fortaleza que les dio a los discípulos hace más de 2000 años.

Cuando creemos que nuestros caminos y tiempos son mejores que los de Dios, perdemos el precioso regalo de una vida plena y abundante vivida a través del poder del Espíritu Santo. Abraza la paciencia y espera en el Señor hasta que Él esté listo para usarte y enviarte.

Padre celestial, gracias por ser nuestra fuerza cuando somos débiles. Por favor, ayúdanos a esperar Tus planes perfectamente sincronizados, entregando totalmente nuestras vidas a Tu liderazgo. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Isaías 55:8-9, «Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el SEÑOR—. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra! (NVI)

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Reflexiona y responde

¿Estás en una temporada de esperar que Dios se mueva? ¿Te sientes tentada a seguir adelante con tus planes en lugar de confiar en el tiempo de Dios?

¿Cuáles son algunas Escrituras que te alientan a esperar en el plan perfecto de Dios? ¡Nos encantaría saber de ti! Comparte tu opinión en los comentarios.

© 2020 por Laura Bailey. Todos los derechos reservados.

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