Devocionales

No sé eso, pero sí sé esto

Alicia Bruxvoort 8 de julio de 2020
Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Salmo 27:13 (NVI)

Hace años, me ofrecí como "asistente de lectura" en el aula de jardín de infantes de mi hijo.

Armada con una pila de libros y mucha paciencia, me senté en el pasillo con aprendices pequeños y practiqué esas habilidades que convierten a los novatos en lectores.

Disfruté de cada estudiante, pero tenía una gran afinidad por uno en particular. Era un niño con una cabellera rebelde, siempre me saludaba con un abrazo y una sonrisa contagiosa, luego se sumergía en una cadencia vertiginosa de charla alegre.

Cuando estudiaba las oraciones en la página del libro abierto entre nosotros, fruncía el ceño con gran esfuerzo. «¿Sabes lo que dice esto?», preguntaba yo mientras le señalaba las palabras impresas en negrita que contaban una simple historia.

Hacía todo lo posible por pronunciar las letras, pero eventualmente admitía su confusión.

«¡No sé lo que dice, pero sí sé cómo saltar en un pie! ¿Quieres verme?»

Con una sonrisa vertiginosa, brincaba de su silla y saltaba por el pasillo. Cuando un nuevo conjunto de palabras lo dejó mudo, su respuesta fue parecida.

«¡No sé lo que dice, pero sí sé cómo silbar! ¿Quieres escucharme?»

La lectura no fue fácil para este precioso alumno, pero se negó a darse por vencido. A diferencia de muchos de los otros estudiantes con quienes trabajé, este niño exuberante no renunció a su confianza en medio de la lucha. Perseveró cuando las palabras en la página no tenían sentido y el proceso de aprendizaje se sentía difícil.

Semana tras semana, apareció en el pasillo con la humildad para señalar lo que no sabía y la audacia para declarar lo que sí.

«No sé esa palabra, pero sí sé cómo atar mi zapato ...»

Han pasado años desde que me senté en ese pasillo de colores brillantes con novatos en la lectura. Pero cuando leo las palabras del rey David en el Salmo 27, a menudo pienso en mi pequeño estudiante favorito.

Por supuesto, David no estaba sentado fuera de un aula de jardín de infantes cuando escribió este fragmento sagrado de las Escrituras. Se encontraba en una temporada de lucha.

Las dificultades que menciona David se leen como una larga lista de desafíos: problemas de los enemigos, avances de los adversarios y ataques de hombres violentos (vs. 2-3, 11-12).

Si yo fuera David, podría haber dejado que la lucha que me rodeaba me robara la confianza que me había afirmado. Después de todo, las circunstancias que David podía ver no parecían coincidir con las palabras que Dios había decretado.

Dios había elegido cuidadosamente a David como rey y le prometió un legado perdurable. Sin embargo, los enemigos aún rivalizaban con su gobierno, y la discordia aún se burlaba de su paz.

Ahí es donde la fe se pone difícil, ¿no? Justo en el medio de la lucha. Ahí es donde nuestra esperanza puede ser saboteada por lo que aún no sabemos, y nuestra convicción sacudida por lo que aún no podemos entender.

En el medio de la lucha es donde soy más propensa a abandonarla. Es donde me siento tentada a renunciar a las promesas de Dios y cuestionar Su fidelidad. Quizás tú también.

Pero David eligió de manera diferente.

Las declaraciones que flanquean el Salmo 27 no suenan como los gritos de un rey desanimado. Ni tampoco como los gritos de uno que se rinde. Suenan más como los gritos de un niño seguro en el jardín de infantes.

El Señor es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces ¿por qué habría de temblar? (Salmos 27:1, NTV)

David podría estar confundido por las dificultades que enfrentaba. Pero se negó a dejar que lo que no sabía le robara la seguridad de lo que sí sabía: Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes (v.13).

Quiero confiar en Dios con esa clase de seguridad. ¿Quieres lo mismo?

Amiga, la próxima vez que nos encontremos en medio de una lucha, sigamos el ejemplo de un rey victorioso y un niño vivaz (que finalmente se convirtió en un lector ardiente).

Sigamos presentándonos para la batalla y mirando hacia arriba, admitiendo sin vergüenza lo que aún no sabemos y proclamando audazmente lo que sí.

¡No sé eso, pero sí sé esto!

Querido Jesús, no sé lo que estás haciendo a través de mi lucha, pero sí sé que me amas y que estás conmigo. Ayúdame a depositar mi confianza en Tu Palabra y en Tu fidelidad. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Romanos 15:4, De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza. (NVI)

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© 2020 por Alicia Bruxvoort. Todos los derechos reservados.

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