Devocionales

Jesús, ¿dónde estás?

3 de diciembre de 2020
Al anochecer, la barca se hallaba en medio del lago, y Jesús estaba en tierra solo. En la madrugada, vio que los discípulos hacían grandes esfuerzos para remar, pues tenían el viento en contra. Marcos 6:47-48a (NVI)

¿Alguna vez has atravesado algo tan difícil, tan aterrorizante, que te has encontrado preguntando: «Jesús, ¿dónde estás?».

Algunas veces cuando la vida se vuelve abrumadoramente dura o confusa, se siente como si nuestro Mesías se hubiese perdido.

Estoy segura de que así es como se sintieron los discípulos en un incidente que ocurrió justo después de alimentar a las cinco mil personas. Se subieron a un bote y pronto se encontraron en aguas turbulentas, agitados por fuertes vientos. Ellos hacían grandes esfuerzos para remar mientras las realidades de la vida iban en su contra.

Esta tormenta era aterrorizante para ellos. Las olas no sólo menguaban, llegaban a su punto más alto y se estrellaban como probablemente has visto si has estado en aguas turbulentas. Estas olas estaban burbujeando y explotando alrededor de ellos de forma impredecible. Piensa en cómo se ve cuando pones un popote en un vaso con agua y soplas con gran fuerza. Ellos no podían agarrarse bien ni controlar su bote. Estaban completamente indefensos y consumidos por el miedo.

Ciertamente no los culpo por sentir miedo en ese momento. Algunas veces es difícil no estar completamente consumidas por el miedo en medio de circunstancias que no vimos venir, ¿no es cierto? Especialmente cuando nos sentimos indefensas y parece que no hay un final bueno a la vista.

Oh, qué agradecida estoy porque aun cuando nuestras tormentas nos hacen perder cualquier vistazo de esperanza, Jesús nunca nos pierde de vista.

Mientras los discípulos estaban esforzándose en el bote, Jesús estaba orando en la montaña. Desde el Monte Arbel, Jesús podía ver el centro del lago donde se encontraban los discípulos. “Al anochecer, la barca se hallaba en medio del lago, y Jesús estaba en tierra solo. En la madrugada, vio que los discípulos hacían grandes esfuerzos para remar, pues tenían el viento en contra” (Marcos 6:47-48a).

Jesús los vio. Bajó a su encuentro. Y ellos casi se pierden por completo el milagro en medio de su caos.

El mismo hacedor de milagros que multiplicó el pescado y los panes estaba ahora caminando sobre el agua cerca de ellos, y ellos pensaron que era un fantasma. Estaban aterrorizados y después asombrados, pero no entendieron, porque las Escrituras dicen, “sus corazones estaban endurecidos” (Marcos 6:52b, RVA-2015).

Sin embargo, lo que quiero que notemos es la respuesta de Jesús a los discípulos que lo desconocieron y gritaron por miedo, no por fe. Las Escrituras dicen que inmediatamente (me encanta que fue de inmediato) Él les habló y les dijo, “«...No tengan miedo».” (Marcos 6:50b, NVI) La palabra usada aquí significa “no me resistan”. Y Él se subió al bote con ellos.

Él nos está diciendo lo mismo a ti y a mí. No se está alejando de nuestros caos y desastres. Se está subiendo para estar justo ahí con nosotras. Y con Su presencia viene la paz.

Él quiere que lo veamos y lo conozcamos, verdades que descubrimos no sólo en este pasaje, sino a lo largo de las Escrituras. El mismo Dios que voluntariamente se reveló a Moisés (Éxodo 33:19, 22; 34:6) y a Elías (1 Reyes 19:11-13) mientras pasaba frente a ellos quiere revelar a nosotras también la totalidad de Su paz y el poder de Su presencia.

En medio de los dolores y las desilusiones que alteran nuestra paz, le pido a Dios en oración que lo veamos venir. Ya no tenemos que gritar por miedo, podemos clamar en fe. Calmadas y confiadas. Sin estar ansiosas. Porque sabemos. Sabemos que Él nos ve. Sabemos que Él está de nuestro lado. Sabemos que Él está en control.

Sí. El Señor está cerca. Y estamos seguras.

Oh Señor, déjame ver esto. Por favor no permitas que el caos de la vida endurezca mi corazón y me haga ciega a Tu presencia. En vez de estar tan atemorizada en medio de la tormenta, ayúdame a mantener presente la imagen de Ti observándome, siempre mirándome. Y ayúdame a encontrar valor en la seguridad de que Tú vendrás a mí con Tu presencia milagrosa. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Isaías 41:10, Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa. (NVI)

Recursos Adicionales

En Proverbs 31 Ministries creemos que cuando las mujeres saben la Verdad y viven la Verdad, todo cambia. Hemos escuchado las voces que piden contenido en español y creemos firmemente que el Señor traerá a las personas correctas a nuestro equipo mientras enseñamos a las mujeres a alinear sus vidas a la Verdad de la Palabra de Dios.

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Reflexiona y responde

¿Estás en medio de una época difícil en tu vida en este momento? Dedica un tiempo esta semana para memorizar Isaías 41:10. Decláralo en voz alta como un recordatorio a tu propio corazón de que el Señor está contigo.

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© 2020 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados.

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