Devocionales

Y exactamente ¿cómo debo amar a mi prójimo más que a mí misma?

Karen Ehman 7 de diciembre de 2020
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22:37-39 (RVR1960)

Cuando lees el mandamiento de parte de Jesús, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, ¿te desconcierta un poco? Después de todo, ¿no es más probable que la mayoría de nosotras nos odiemos en lugar de amarnos a nosotras mismas, siendo demasiado autocríticas? Si vamos a obedecer el mandamiento de Jesús, primero debemos comprender esta idea del amor propio.

En el pasaje clave de hoy, vemos como Jesús presenta el concepto cuando le preguntan cuál es el mayor mandamiento en la ley.

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:37-39)

La palabra Griega original traducida como “amor” a nuestro idioma, va más allá de tener sentimientos cálidos y tiernos hacia alguien o hacia nosotras mismas. Sugiere acción. Sugiere el “tener benevolencia hacia, tener en cuenta su bienestar”.

Basado en esta definición, el amor propio va más allá de sentirnos bien con nosotras mismas (algo que no siempre sentimos) y significa tomar medidas en cuanto a nuestro propio bienestar. ¡Resulta que ya somos muy buenas para esto! Velamos por nuestro bienestar cada día cuando nos aseguramos de satisfacer nuestras necesidades básicas como una buena comida, ropa cálida para vestir y un lugar cómodo donde podemos descansar de noche.

Pero tú y yo sabemos que siempre vamos un paso más allá de simplemente suplir nuestras necesidades básicas. Tomamos “tiempo para nosotras” cuando salimos a caminar a solas o  cuando hacemos algo que nos gusta mucho. Nos compramos algo especial o nos consentimos a nosotras mismas con una manicura o un masaje. Todas estas son formas en las que practicamos amor propio.

Entonces, ahora que sabemos lo que es amor propio, ¿quién es nuestro “prójimo” y ¿cómo podemos amarle de la manera que nos amamos a nosotras mismas?

En nuestro pasaje de Mateo, Jesús hace referencia a dos versículos del Antiguo Testamento, Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18. Basado en el significado de “prójimo” en Levítico, la audiencia de Jesús hubiera definido “prójimo” como cualquier paisano israelita O un residente extranjero que fue recibido,  dado la bienvenida y que estuviera viviendo dentro de la comunidad. Sin embargo, a través de Su historia del Buen Samaritano en Lucas 10:29-37, Jesús expande la definición a “cualquiera que necesite nuestra ayuda”. Jesús ilustra un amor más extravagante del que era requerido en el Antiguo Testamento – y nos pide demostrarlo.

¿Cómo amamos a alguien que necesita nuestra ayuda con el mismo amor que nos mostramos a nosotras mismas?

Sin duda podemos trabajar para satisfacer las necesidades básicas – especialmente a los marginados y olvidados. Podemos comprar y entregar productos de higiene a los refugios para personas sin hogar o ahorrar algo de dinero del presupuesto de la compra de alimentos semanalmente para comprar algunos artículos necesarios para una despensa de alimentos locales.

Pero no deberíamos detenernos ahí. Podríamos buscar a esa mamá ocupada con dos hijos menores de dos años y ofrecernos a cuidar a los niños gratis para que ella pueda tener una tarde de “tiempo para ella”. Podemos comprar un postre especial o un pequeño obsequio para alguien que sabemos necesita que animen su día. O podemos usar el dinero que hayamos guardado para nuestra próxima pedicura para bendecir a una mujer que necesite sentirse vista, amada y hermosa.

Estos gestos tan simples comunican mucho amor, consolando a otros mientras satisfacemos sus necesidades.

No permitas que las palabras de Jesús se queden solamente impresas en tu Biblia. Dales alas, poniéndolas en acción. Hay almas en tu vida que necesitan de tu cuidado. Considera cómo puedes demostrarles tu preocupación por su bienestar, amándoles y cuidándoles de la manera que tú ya te amas y cuidas de tí misma. Cuando lo hagas, estarás completando la cadena de amor que comenzó cuando Dios te amó por primera vez.

Padre, permíteme estar atenta de aquellos que están necesitando Tu consuelo y amor. Ayúdame a mostrarles compasión y cuidado mientras los llevo a recibir las buenas nuevas del evangelio. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Santiago 2:15-16, Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? (NVI)

Recursos Adicionales

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Reflexiona y responde

¿Cuál es una forma en la que puedes amar y cuidar de otros como te amas y cuidas de ti misma? ¿Cómo implementarías tu idea?

¡Nos encantaría saber de ti! Comparte tus pensamientos en los comentarios.

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Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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