Devocionales

Un llamado a orar en la temporada navideña

17 de diciembre de 2020
Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Mateo 5:43-45 (NVI)

Colgar los adornos de Navidad en el árbol es uno de mis placeres anuales. Es una forma agradable de evocar lindas memorias y disfrutar recuerdos de la niñez.

Sin embargo, un año cuando saqué un adorno dorado de la caja donde los guardaba, estuve tentada a dejarlo de nuevo allí en ese lugar oscuro.

Un año de aflicción había pasado desde que una atesorada relación se volvió amarga. El adorno me recordaba sueños y esperanzas perdidos, cosas que habían salido tan mal debido a un cambio en la relación, y luego a la pérdida de confianza agravada por el abuso.

Lágrimas colmadas de enojo y amargura llenaron mis ojos, aun cuando la situación ya no tenía poder diario sobre mí.

Mientras recorría con mis dedos el metal dorado brillante, recordé las palabras de Jesús: «Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos» (Mateo 5:43-45).

Aunque mi inclinación natural era aferrarme a mis duros sentimientos, sentí que el Espíritu Santo me alentaba. Me recordó los buenos momentos que habían existido antes de que llegaran las dificultades y me invitó a regocijarme en esas bendiciones. Después, con Su voz suave y quieta, Él me pidió orar por quienes más me habían lastimado.

Por unos momentos, protesté en mi espíritu. Después me calmé al considerar cómo Jesús, el Rey de reyes, vino a la tierra como un bebé. Él vino a ofrecer gracia y salvación para todos, sabiendo que muchos lo rechazarían. Aunque Él sufriría mucho, Él vino como la luz del mundo y el agua viva para todos los que lo aceptaran.

Sabiendo que Jesús hizo eso por mí, dejé mis penas a Sus pies. Acepté el regalo de la paz que Él me dio cuando sinceramente oré: «Bendícelos, Señor. Que tengan una feliz Navidad.»

La Navidad puede resaltar lo mejor o lo peor de nosotras; es nuestra decisión. Podemos dejar los adornos en la caja o las fotos en el cajón mientras nos llenamos de dolor y nos negamos a perdonar en nuestros corazones. Por otro lado, podemos decidirnos a usar esos recuerdos físicos para orar durante la temporada, siguiendo las indicaciones del Príncipe de Paz.

En lugar de regresar el adorno a la caja, lo colgué en una rama baja cerca de la ventana. No al frente y al centro, donde sería un detonante de dolor continuamente, sino en el lugar correcto donde podría verlo al disfrutar detenidamente mis adornos con la luz de la mañana. Mientras contemplaba el brillo dorado en las mañanas de diciembre, seguí orando por bendiciones para quienes me lastimaron, y el don de la paz perfecta de Dios llenó mi corazón.

Padre Celestial, gracias por darme a Jesús aun cuando yo era Tu enemiga. Recuérdame que debo orar por aquellos que me han lastimado y no guardar resentimientos. Lléname con Tu paz perfecta mientras yo elijo orar y perdonar. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Colosenses 3:13, De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. (NVI)

Santiago 5:16, Por tanto, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros de manera que sean sanados. La ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. (RVA-2015)

Recursos Adicionales

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Reflexiona y responde

¿Cuál de tus relaciones necesita sanar esta Navidad? Escribe una petición para orar por ella en los comentarios de hoy.

© 2020 by Sarah Geringer. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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