Devocionales

Cuando no comprendes el tiempo de Dios

Alicia Bruxvoort 28 de diciembre de 2020
Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Eclesiastés 3:11 (NVI)

Tiempo atrás un día de diciembre, estábamos acurrucadas en el sofá cuando mi hija anunció su deseo secreto de Navidad.

«Solo quiero que nuestro bebé esté aquí la mañana de Navidad», manifestó Hannah, de 5 años. Suspiró y luego sintió mi vientre.

Hannah había estado ensayando todas las cosas de "hermana mayor" durante meses. Ella había practicando con sus ositos de peluche cómo sacarles el aire, envolvía sus muñecos, cantaba canciones de cuna al perro y caminaba en puntillas al pasar por la cuna. Y mientras el bebé bajo mi corazón crecía, la anticipación de Hannah también aumentaba.

«Vas a ser una gran hermana mayor», le dije con una sonrisa, «pero aún no es el tiempo». Le recordé a mi nena indicando con mis dedos las ocho semanas que faltaban hasta la fecha del nacimiento.

De repente, sus hombros decayeron. «¡Pero, mami! Quiero ser una hermana mayor ahorita». Sus ojos se nublaron con lágrimas y sus suspiros se convirtieron en sollozos. Para una niña cuya vida se mide en momentos en lugar de días, el retraso era agonizante.

«Esperar duele», murmuró mientras hundía su cabeza en mi regazo.

Podría haber levantado la barbilla de Hannah y tratar de explicar todas las razones lógicas de la espera. Podría haber ofrecido una lección de ciencias sobre el desarrollo humano, o una clase sobre el valor de la paciencia.

Pero en lugar de tratar de exponer cosas más allá de la comprensión de mi pequeña de kinder, simplemente le recordé que podíamos confiar en Dios con el momento de la llegada de nuestro bebé. Entonces la envolví en mis brazos y la abracé mientras lloraba.

Ha pasado más de una década desde que mi hija estaba en mi regazo en un torrente de lágrimas de preocupación y un deseo navideño inoportuno. Pero esta mañana, cuando escaneo las páginas de mi diario de oración, también siento el dolor de esperar.

Mi diario mantiene conversaciones francas con Dios sobre promesas incumplidas y plegarias sin responder. Y hoy, mientras me siento con mis esperanzas y mis heridas, siento una oleada de indignación. Lo admito: es fácil sentirse ofendida en medio de la espera.

Pero estoy aprendiendo que cuando el tiempo de Dios no coincide con mi deseo, necesito concentrarme en lo que sé, más que en lo que siento. Entonces me dirijo a Eclesiastés 3:11 y leo las palabras del rey Salomón:

“Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.”

Este versículo me ayuda a filtrar mi frustración a través de la verdad inmutable de Dios. Me recuerda que mis retrasos no son una señal de la indiferencia de Dios, sino una expresión de Su brillantez. Nunca entenderé completamente las complejidades del plan eterno de Dios mientras esté atada al polvo de la tierra. Pero puedo poner mi esperanza en la integridad de Dios, incluso cuando no puedo comprender Su itinerario.

Cuando mi esperanza está ligada a la confiabilidad de Dios en lugar de en Su tiempo, mi actitud en la espera cambia.

Prefiero recordar Su fidelidad en lugar de cuestionar Su justicia. (Salmo 77:11)

Puedo respetar Su sabiduría en lugar de discutir Sus maneras.

Me inclino a celebrar Su majestad en lugar de cuestionar Sus motivos.

Pero lo mejor de todo es que cuando deposito la razón de mi fe en la confiabilidad de Su carácter, descubro un don inesperado en medio del retraso.

El mismo Dios que está orquestando planes demasiado maravillosos para que mi mente los entienda, está dentro mí en este momento. Sus caminos pueden ser más altos que los cielos (Isaías 55: 9), pero Su presencia está tan cerca como mi siguiente aliento. Él está conmigo en el dolor y la anticipación. Él me consuela con Su Espíritu y me fortalece con Su amor. Incluso cuando duele. Especialmente cuando duele.

Querido Jesús, sé que Tu tiempo es perfecto, pero mi fe no lo es. Ayúdame a confiar más en Ti. Quiero experimentar Tu cercanía en mi espera y Tu consuelo en mi dolor. Ayúdame a reconocer Tu presencia hoy. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Salmo 131: 1-3, Señor, mi corazón no es orgulloso, ni son altivos mis ojos; no busco grandezas desmedidas, ni proezas que excedan a mis fuerzas.  Todo lo contrario: he calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Mi alma es como un niño recién amamantado! Israel, pon tu esperanza en el Señor desde ahora y para siempre. (NVI)

Recursos Adicionales

Cuando no entendemos el tiempo de Dios, a menudo podemos sentirnos ansiosas por nuestra situación y lo que nos depara el futuro. En su libro, Ansioso por nada, Max Lucado invita a los lectores a un estudio de Filipenses 4:6-7 donde el apóstol Pablo amonesta a los seguidores de Cristo, "No se inquieten por nada...”

Lucado dice: “La presencia de la ansiedad es inevitable, pero la prisión de la ansiedad es opcional. Es vivir en ansiedad constante lo que Pablo quiere abordar. No dejes que nada te mantenga en perpetua angustia”. ¡Obtén más información y compra tu copia aquí!

Reflexiona y responde

¿Qué te impide confiar en el tiempo de Dios? Lee el Salmo 131:1-3 en tu oración del día de hoy.

¡Nos encantaría saber de ti! Comparte con nosotras en los comentarios.

© 2020 by Alicia Bruxvoort. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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