Devocionales

Cuando el divorcio te deja en duelo por la muerte de los vivos

1 de febrero de 2021
Estoy agotado de tanto llorar. Toda la noche inundo mi cama con llanto; la empapo con mis lágrimas. El dolor me nubla la vista; tengo los ojos gastados a causa de todos mis enemigos. Salmo 6:6-7 (NTV)

Fue un día que yo quisiera olvidar, pero nunca podré. Debido a algunas circunstancias fuera de mi control, mi matrimonio de 25 años terminó abruptamente, lanzándome a una vida de miedo y dolor.

En los meses que siguieron, pude darme cuenta de que es posible lamentar la muerte de los vivos. La muerte de todo lo que alguna vez conociste. La muerte de los sueños. La muerte de una familia intacta. La muerte de una persona desaparecida en tu vida pero no desaparecida del mundo.

Ahora sé cómo se siente ser abandonada y preguntarse si la vida volverá a sentirse bien en algún momento. Si volveré a sentirme bien y confiada conmigo misma. Si llegaré a creer que soy suficiente. Si mi vida se sentirá feliz y normal de nuevo. Si alguna vez se acabará el problema. Si incluso sobreviviré.

Estos son sentimientos comunes y válidos cuando estás enfrentando un divorcio inesperado o no deseado. Sin importar cuánto tiempo duró el matrimonio o cuáles fueron las circunstancias que lo destruyeron, el final es duro y estresante.

Durante los primeros años de este proceso doloroso, el duelo fue uno de mis acompañantes más cercanos. Pero fue un consuelo para mí el saber que David en la Biblia entendió este nivel de dolor, a pesar de que era un hombre de fe. Me dio esperanza pensar que las cosas mejorarían algún día y que eventualmente estaría bien.

Aunque David no estaba pasando exactamente por el mismo proceso de separación y divorcio que yo, sus emociones y ruegos a Dios eran los mismos. Él escribió, “Estoy agotado de tanto llorar; toda la noche inundo mi cama con llanto, la empapo con mis lágrimas. El dolor me nubla la vista; tengo los ojos gastados a causa de todos mis enemigos” (Salmo 6:6-7). ¿Te suena familiar? Definitivamente lo es para mi.

El duelo es una temporada dolorosa de soportar, independientemente del motivo por el cual estás en él. Pero es necesario para que el proceso de sanación se pueda dar. Una vez leí una frase del poeta e himnólogo inglés, William Cowper, que decía “El dolor en sí mismo es una medicina”. Nos limpia el alma de la angustia y nos ayuda a seguir adelante en las etapas del proceso de sanidad que necesitan nuestros corazones. El duelo es el proceso que Dios puede usar para ayudarnos a llegar a un lugar de sanidad, plenitud y felicidad.

Si estás sufriendo por la muerte de un matrimonio o de una relación de muchos años, deja que te consuele el hecho de que Dios te sostendrá cerca de Él, sino que con el tiempo, te librará de tu dolor. Él es un Dios que sana corazones y mentes. A  veces lo hace inmediatamente y otras veces a través de un proceso de crecimiento y aprendizaje. No es cuestión de si te sanará y curará tus heridas, si no de cuándo lo hará.

Dios es completamente capaz de consolarnos en nuestro dolor y darnos paz que no deberíamos ser capaces de sentir en medio de tanta confusión. Nunca estamos solas en el proceso de sanar nuestros corazones y restaurar nuestras vidas.

El final de un matrimonio no es el final de la vida, aunque a menudo se siente así. Si te encuentras  en una situación similar, no olvides que aún tienes mucha vida por vivir y te espera un futuro hermoso. Sigue poniendo un pie delante del otro y, con Dios a tu lado, pronto te darás cuenta que estás en tu trayecto a la sanidad, plenitud y felicidad.

Con una fe fundamentada y comprometidas con nosotras mismas de ir hacia adelante, podremos sentirnos y vivir intactas de una vez por todas.

Jesús, las heridas que mi separación y divorcio dejaron son muy profundas en mi alma. Anhelo paz, entendimiento y esperanza para el futuro. Quiero sonreír y amar la vida de nuevo, aún si las cosas no salieron de la forma en la que pensaba. A partir de hoy me comprometo a confiar en Ti con mi futuro y acepto el gozo y la paz que sólo provienen de Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Salmo 34:18, El SEÑOR está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado. (NTV)

Salmo 147:3, Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas. (NTV)

Recursos Adicionales

Las cicatrices físicas representan una historia, un momento en nuestra vida  y muestran a otros que hay una historia de sanidad. En su libro Tus cicatrices son hermosas para Dios, la autora Sharon Jaynes comparte con otras mujeres la manera en que sus cicatrices internas, marcas de heridas y errores pasados, también representan una historia de restauración.

Con empatía, perspectiva personal y un espíritu amigable, Sharon le ayuda a las lectoras a:

‒ Reconocer a Jesús a través de sus heridas.

‒ Recibir gracia y perdón.

‒ Remover la máscara y ser reales.

‒ Restaurar el corazón quebrantado.

‒ Liberar el poder de heridas sanadas.

Capítulos alentadores, historias inspiradoras, sabiduría piadosa y una guía de estudio bíblico, ayudarán a las lectoras a entregar sus heridas a Aquel que ve su belleza y transforma las heridas en esperanza.

Conéctate

¿Tu lucha te ha llevado a decir “No debería ser así”? Los Estudios bíblicos en línea que ofrece Proverbs 31 Ministries ofrecen justo lo que necesitas con nuestro estudio de 6 semanas del libro de Lysa TerKeurst No debería ser así. Puedes hacer este estudio gratuito por tu cuenta o con un grupo de amigas. ¡Puedes encontrar todo el contenido del estudio aquí!

Reflexiona y responde

Realiza una búsqueda en línea sobre las etapas del duelo después de un divorcio. Esta información te ayudará no solamente a entender mejor el proceso de dolor y luto, sino también a comprender que no estás sola y que el sentirte así no te hace una persona débil ni loca.

¿Qué estás esperando de parte de Dios en tu vida mientras pasas por el proceso de duelo? Déjanos saber en los comentarios y ¡estaremos orando por ti!

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Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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