Devocionales

Cómo encontrar valentía en la espera

30 de abril de 2021
Espera al SEÑOR; Esfuérzate y aliéntese tu corazón … Salmos 27:14 (NBLA)

Nos sentamos en un humilde grupo de sillas de plástico, compartiendo nuestras historias con un chorro de lágrimas. A primera vista, tenemos poco en común aparte de las Biblias en nuestro regazo. Somos mujeres de varias edades y etapas, pero unidas por un hilo invisible: todas vivimos en la agonía de la demora.

Algunas estamos esperando sanidad y otras un gran avance. Algunas esperan que los pródigos regresen y otras que resuciten matrimonios.

Pasamos el fin de semana juntas en un retiro de mujeres, levantando las manos en adoración e inclinando las cabezas en oración. Demasiado pronto, empacaremos nuestras maletas y nos iremos por caminos separados, pero por ahora, encontramos consuelo en nuestro círculo.

Nuestras historias son diferentes, pero nuestro dolor es el mismo.

«Esperar duele», murmura una mujer de ojos hermosos y una sonrisa tierna.

«Y es agotador», agrega otra mientras busca un pañuelo de papel en su bolso y se seca las  gotas de tristeza que se deslizan por sus mejillas.

Hablamos de las noches en las que nuestras dudas se vuelven locas y de los días en que nuestra fe se encoge. Confesamos las formas en que la incertidumbre está minando nuestras fuerzas y avivando nuestro miedo. Esto es hacer espacio para compartir nuestras luchas, pero lo que más necesitamos es sabiduría en nuestra espera. Entonces, cambiamos nuestro enfoque a las Biblias en nuestro regazo.

El Salmo 27 fue escrito por alguien familiarizado con la incomodidad de la demora.

Aunque David fue ungido cuando era adolescente para ser el rey elegido por Dios, esperó años por la corona prometida. En la brecha desconcertante entre su unción sagrada y su nombramiento real, cuidaba ovejas desapercibido, servía a sus líderes con lealtad y luchó contra los enemigos con valentía. Fue burlado por sus propios hermanos, traicionado por confidentes y perseguido por el gobernante que se suponía que debía protegerlo. Al final, David pasó más de una década huyendo antes de que Dios lo colocara en el trono.

Habría sido fácil para David perder la esperanza en Dios durante la espera. Pero el Salmo 27 cuenta una historia diferente. Cuando la situación de David no parecía coincidir con la declaración de Dios, decidió no huir del Señor, sino correr hacia Él. (Salmo 27:4)

Mientras mis amigas y yo estudiamos el capítulo, nos detenemos en el versículo catorce y nos preguntamos si la verdad que proclama es posible. Espera al SEÑOR; Esfuérzate y aliéntese tu corazón … (Salmos 27:14)

Desde las sombras de nuestra propia espera, es tentador descartar las audaces palabras de David como un aliento vacío. Pero cuando consideramos la historia de David, nos damos cuenta de que no está expresando un elogio frívolo; está compartiendo un conocimiento que tanto le costó obtener: hay una manera de fortalecerse en la espera.

Si bien David pudo haber usado muchas palabras hebreas diferentes para comunicar el concepto de fuerza, seleccionó la palabra hebrea quvah, que significa “unir”. Quvah evoca la imagen de un cordón de tejido apretado.

Con la pincelada suave de una sola palabra, David pinta una imagen conmovedora de la fuente de su fuerza diaria. David no solo esperó en Dios; pasó tiempo con Dios.

Él adoró y oró (v. 4), buscó la instrucción del Señor y obedeció (v. 7). Buscó la bondad de Dios (v. 14) y celebró la fidelidad de Dios. Y cuando David entrelazó su esperanza con el corazón de Dios, encontró valentía en la espera.

Luego, cuando su lamento finalmente se convirtió en un elogio de alabanza, el rey elegido por Dios escribió una promesa para asegurarnos que también podemos convertirnos en personas valientes en medio de nuestra espera.

Cuando nos acercamos a Jesús en nuestra espera, prestando atención a Su presencia y hablando honestamente con Él en oración, alimentando nuestra fe con Su Palabra y uniendo nuestra confianza a Su carácter, nuestra fuerza aumenta en lugar de decaer. Nuestra esperanza florece en lugar de menguar. Pero lo mejor de todo es que no solo ganamos el valor para seguir adelante, obtenemos el don de afianzarnos. Justo ahí, en medio de la incertidumbre que esperábamos evitar, Jesús nos ofrece la intimidad que siempre hemos anhelado. Y en lugar de deshacernos en la espera, nos encontramos aferradas a un Salvador que no nos dejará ir.

Querido Jesús, aumenta mi conciencia de Tu presencia en mi demora y ayúdame a ver Tu fidelidad inmutable hoy. Quiero conocerte y amarte aún más cuando termine esta temporada de espera. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Isaías 40:31, Pero los que esperan en el SEÑOR Renovarán sus fuerzas. Se remontarán con alas como las águilas, Correrán y no se cansarán, Caminarán y no se fatigarán. (NBLA)

Recursos Adicionales

¿Alguna vez te has cansado de esperar? ¿Sientes que quieres tirar la toalla porque la espera es demasiado larga? 5 hábitos de las mujeres que no se rinden, escrito por la autora de devocionales de Proverbs 31, Nicki Koziarz, te ayudará a prevalecer a través de la espera y a no darte por vencida. Aprenderás a:

  • Evaluar las luchas personales internas que te hacen querer rendirte.
  • Cultivar hábitos permanentes que te ayudarán a progresar hacia tus metas.
  • Recibir una dosis de perspectiva renovada de la Biblia que te ayudará a desarrollar perseverancia.

     

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