Devocionales

Nuestro significado está establecido

19 de mayo de 2021
Pero ahora, así dice el SEÑOR, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: «No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Isaías 43:1 (NVI)

Ciertos momentos en la vida revelan nuestra necesidad de pertenencia. Durante la transición de la escuela intermedia a la secundaria, experimenté uno de esos momentos.

Para mí, la lista de un equipo de tenis alimentaba la esperanza de pertenecer por fin a algún lugar. Empecé a jugar al tenis a los 7 años. En la escuela secundaria, pasaba la mayor parte de mi tiempo libre en una cancha donde tenía éxito, incluso una clasificación estatal. Así que, lo natural y lógico era pertenecer al equipo de la escuela secundaria.

Las pruebas para integrar el equipo consistieron en partidos round robin donde todos competían contra todos para conseguir las plazas codiciadas. Fue estresante, más de lo necesario, porque para mi, mi valor e identidad dependían de esa lista. A mi manera de verlo, el pertenecer al equipo era el factor determinante no solo como jugadora sino como persona.

Para mi alivio, fui una de las dos estudiantes de primer año que integró el equipo. Pero esa pertenencia vino acompañada de incertidumbre. La semana después de ingresar al equipo y luego cada semana a partir de entonces, tuve que defender esa plaza mediante partidos de desafío. Con cada resultado tuve que demostrar mi capacidad una y otra vez, poniendo en juego mi identidad y valor de adolescente frágil.

La autoaceptación y la aceptación de otros solo llegan hasta cierto punto. En última instancia, no satisfacen la necesidad esencial de pertenencia del ser humano. El sentido de pertenencia más genuino y satisfactorio proviene de la Fuente, nuestro Redentor, quien dice lo siguiente sobre nuestro ser más auténtico, “te he llamado por tu nombre; tú eres mío” (Isaías 43:1b).

¿Quién es el que hace estas declaraciones sobre nosotras? El Señor nuestro Dios, nuestro Hacedor quien ve, oye, conoce, responde y rescata a Sus hijos.

El profeta Isaías estaba escribiendo a la nación de Israel, pero, al igual que cada palabra de la Biblia, estas palabras también fueron escritas para nosotras. Isaías 49:1-18 revela que Dios:

  • Nos llama desde el vientre materno. (versículo 1)
  • Tiene un propósito para nosotras y nos aparta para Su gloria y Su bien.
  • Es nuestra fortaleza. (versículo 5)
  • Nos considera dignas de honra ante Sus ojos. (versículo 5)

Aunque podamos sentirnos abandonadas, invisibles, ignoradas, como si no perteneciéramos a ningún lado, como si estuviéramos en una cinta caminadora interminable para estar a la altura, y aunque todas las personas cariñosas de la tierra puedan olvidarnos, Dios dice: “…¡yo no te olvidaré! Grabada te llevo en las palmas de mis manos…” (Isaías 49:15b-16a, NVI).

Dios nos ve, nos salva y nos hace justas, porque según Él, somos Su tesoro.

Yo soy el SEÑOR, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador; …Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. (Isaías 43:3a,4b, NVI).

Jesús añade, “yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10b, NVI). Un poco diferente a una lista del equipo de tenis, o lo que sea en tu vida que pretenda reflejar tu identidad y valor y que añade un sinfín de desafíos y pruebas constantes.

Jesus voluntariamente entregó Su vida por nosotras, por amor.

Entonces la pregunta que nos debemos hacer es la siguiente: ¿nos atrevemos a aceptarnos según esta declaración absoluta?; ¿una declaración que se nos ha concedido sin reservas por el amor inconmovible y abundante de Dios?

¿Nos atrevemos a creer en nuestra pertenencia?

Juntas, recordémonos unas a otras y aferrémonos a la Verdad de que el significado de nuestra vida ha sido establecido de una vez por todas. Entonces, en lugar de permitir que las cosas de la vida opinen sobre nuestra identidad y valor, disfrutemos de la vida abundante que Dios nos ha dado, descansando en el aspecto de nuestra identidad que somos Suyas.

Señor, gracias por Tu declaración de amor inconmovible y por Tu fidelidad y misericordia. Por favor, ayúdanos en nuestra incredulidad. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Isaías 43:2-3a, Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el SEÑOR, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. (NVI)

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Recursos Adicionales

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Reflexiona y responde

¿De qué manera específica puedes recibir la bendición y la libertad asociadas con la declaración de Dios de que le perteneces? ¿A quiénes puedes animar para que el significado de sus vidas sea establecido?

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