Devocionales

El riesgo de la quietud

14 de junio de 2021
Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios; Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra. Salmo 46:10 (NBLA)

Una amiga se me acercó no hace mucho. Ella estaba tan agitada emocionalmente que pude notar que le afectaba físicamente. La tomé de sus brazos como sosteniéndola o calmándola, mientras hablaba.

Tenía problemas en su matrimonio. Uno de sus hijos se estaba portando mal. Su ritmo de vida la estaba enloqueciendo. Un malentendido había provocado una ruptura entre ella y una amiga querida.

Yo sabía que no tenía el poder para calmar su ansiedad. Mirándola a los ojos le dije, «te quiero pero necesitas a Jesús ahora mismo».

Habría tiempo para conectarnos; la ayudaría en todo lo que pudiera; y mi amiga necesitaría el apoyo de su gente mientras manejaba lo que tenía frente a ella.

Pero ahora, primero, necesitaba estar a solas con Dios y recibir la paz que solo Él puede dar.

En la quietud y la tranquilidad, no solo nos conectamos con Dios, sino que también podemos identificar más claramente lo que está mal. Reconocer nuestros torbellinos y nombrarlos es el primer paso para detenerlos.

Le pedí que pasara treinta minutos a solas con Dios y estuvo de acuerdo.

Pero cuando hablé con ella al día siguiente, lo único que me dijo fueron treinta razones por las que no tuvo tiempo para estar con Dios. Y lo entiendo. ¡Soy igual!

¿Por qué lo mejor y más simple a largo plazo para la salud de nuestras almas es tan increíblemente difícil de hacer?

Porque el tiempo real, conectado e íntimo con Jesús es lo que hace crecer nuestra fe, cambia nuestras mentes, trae avivamiento a nuestras almas y nos impulsa a compartir a Jesús con otros. Es donde se detiene el remolino de nuestras mentes. Para decirlo claramente: el infierno entero está en contra de nuestros encuentros con Jesús.

En medio de todo el ajetreo de nuestras vidas, hemos hecho imposible escuchar Su voz cuando dice: “Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios…” (Salmo 46:10a).

Durante el año y medio de mi propia temporada de dudas y pesadez, rara vez elegí pasar tiempo a solas con Dios, que no fuera estudiar y prepararme para la enseñanza de la Biblia. Porque si me detenía lo suficiente como para mirar mi alma, podría sentirme abrumada por todo lo que necesitaba solucionar en mí. No quería escuchar lo que Dios podría decirme, o correr el riesgo de que permaneciera en silencio, profundizando mis dudas sobre Su existencia y amor.

¿De qué estamos huyendo? ¿Qué nos impide crear espacio y tiempo para el silencio que necesitamos tan desesperadamente?

¿Listas para ello? Sí, estamos ocupadas y distraídas, y es difícil quedarnos quietas.

Pero también tenemos miedo de enfrentarnos a nosotras mismas y enfrentarnos a Dios. Tenemos miedo de que nos descubran.

Olvidamos que Él no solo nos ama, sino que también le agradamos.

El antídoto para huir de nosotras mismas es correr hacia el Único que nos ayuda a superarnos. La mentira es que seremos avergonzadas. La verdad es que Dios, Creador y soberano sobre el universo, quien conquistó el pecado y la muerte, es el mismo Dios que quiere estar contigo en tu dolor, duda, vergüenza y otras circunstancias “…la bondad de Dios te guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4b, NBLA).

Una vez que reinicié el contacto con Dios, me di cuenta de que los miedos que había albergado para conectarme con Él eran completamente infundados. Esto no debió sorprenderme. Si te pidiera que completaras la oración: “cuando nos acercamos a Dios…,” ¿qué verdad sigue? “Él se acercará a nosotras”.

Este fragmento se encuentra en Santiago 4:4b-8a, un pasaje que advierte a los creyentes acerca de quedarnos atrás por los caminos del mundo. El apóstol escribió:

¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O piensan que la Escritura dice en vano: «Dios celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en nosotros?». Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: «DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES». Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes. (NBLA))

Y luego, resumiendo escribió: “Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes”. (NBLA)

Cuando nos humillamos ante Dios, sometiéndonos completamente a Él, sin importar lo que nos ha mantenido alejadas, lo que hicimos cuando estábamos distanciadas y por cuánto tiempo permitimos que ese abismo creciera, nos encontramos con que Él siempre estuvo allí, esperando que regresáramos.

Señor, ayúdame a priorizar mi tiempo contigo. Ayúdame a saber que nunca me dejas y que, en cualquier momento del día, puedo recurrir a Ti, y Tú estarás ahí para ayudarme, fortalecerme y amarme. Gracias por Tu constante fidelidad hacia mí. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Jeremías 29:12-13, Entonces me invocarán. Vendrán y orarán a mí, y yo los escucharé. Me buscarán y me hallarán, porque me buscarán con todo su corazón. (RVA-2015)

¿Qué te ha impedido pasar tiempo real, conectado e íntimo con Jesús recientemente? ¿Cuál es una forma en la que puedes acercarte a Dios esta semana, recordando que Él quiere que vengas a Él sin importar nada?

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