Devocionales

Las palabras que quiero decir

2 de julio de 2021
¿Acaso puede brotar de un mismo manantial agua dulce y agua amarga? Santiago 3:11 (NTV)

Lo que estoy a punto de compartir contigo no es mi mejor momento como madre de adolescentes.

En algún momento, nuestros hijos toman decisiones que nos dejan perplejas y posiblemente paranoicas de que la siguiente decisión equivocada está a la vuelta de la esquina. Y eso es lo que sentí que estaba enfrentando esa noche en particular cuando me encontré en medio de una gran discusión con dos de mis hijas adolescentes.

Teníamos algunos problemas de límites. Y como mamá, estaba tratando de identificar cuáles eran mis límites no negociables y en qué cosas no tenía que ser tan estricta. Fue un desastre.

Mis pensamientos a lo largo de ese día me habían llevado a un patrón negativo de incredulidad, y desafortunadamente, las palabras que salían de mi boca empezaron a fluir de mis preocupaciones internas.

En ese momento de conflicto con mis hijas, sentí una profunda convicción cuando el Espíritu Santo susurró, «¿Estás bendiciéndolas o agobiándolas?».

Si soy honesta, las agobié.

Santiago 3:11 plantea una pregunta de autoanálisis: “¿Acaso puede brotar de un mismo manantial agua dulce y agua amarga?”.

Una clase básica de ciencias nos enseñaría que no, agua dulce y agua salada no pueden brotar del mismo manantial. Pero en este caso Santiago no está hablando realmente del agua; está hablando del alma. Y lo que está en lo más profundo de nuestro ser es normalmente lo que empieza a fluir de nosotras.

Cuando Santiago estaba escribiendo esto, probablemente intentaba describir una imagen vívida de los manantiales en el Valle del Jordán cerca del Mar Muerto. Algo con lo que la audiencia original de este texto habría podido identificarse.

¿No es fascinante cómo este texto se aplica tanto hoy como en aquel entonces?

Las palabras que quiero decir en el conflicto son vivificantes.
Las palabras que quiero decir sobre las decisiones de mis hijos, con las que no estoy de acuerdo, son sabias y no imponentes.
Las palabras que quiero decir a mi familia son bendiciones y no agobian.

Pero, si quiero decir ese tipo de palabras, entonces tengo que lidiar con la destrucción que existe en lo profundo de mi alma. El lugar de donde fluyen fácilmente las palabras saladas. Ese lugar profundo en nuestro ser al que se refiere Santiago. El lugar donde nadie llega realmente excepto nosotras y el Espíritu Santo.

Sentirse convencida de cambiar y cambiar realmente son dos cosas muy diferentes. He descubierto que después de experimentar la convicción, lo que no cambiamos, lo elegimos.

La mejor parte de esta lucha, y de todas nuestras luchas humanas, es que Dios nunca nos exige la perfección. Él tiene un suministro ilimitado de principios y gracia para nuestro proceso con Él.

Pero, la responsabilidad es nuestra.

Así que ese día, dejé que el Espíritu Santo me revelara algo sobre mis propias experiencias como adolescente y sobre las palabras que me dijeron en medio del conflicto y que de vez en cuando siguen doliendo. No quiero que mis hijas adolescentes sientan eso de mí.

Y estoy tratando de tomar la decisión de hablar bendición, y no agobiar, en cada conflicto difícil que se me presente, ya sea en la crianza de los hijos o con las personas en general.

No lo hago bien todo el tiempo, pero estoy dando algunos pasos correctos.

Las palabras que decimos importan. Pero lo que ellas revelan es igual de importante.

Todo el capítulo de Santiago 3 nos ofrece mucha sabiduría sobre nuestras palabras. Pero ocupémonos de este versículo hoy, que nos recuerda que cuando cuidamos lo profundo de nuestro ser, algo beneficioso fluirá de nosotras.

No importa cómo hayan sonado nuestras palabras en el pasado, hoy es un día en el que podemos decidir ser diferentes de aquí en adelante. Es en este reconocimiento y en este lugar de humildad donde inicia la sanidad interna y externa.

Dios, gracias porque podemos decir, “de aquí en adelante, será diferente”. Gracias por la fuerza interna para llevar nuestras palabras a un lugar de bendición sin importar la situación. Ayúdanos a lograrlo hoy. Guía nuestras palabras. Permite que lo que está en lo más profundo de nuestro ser sea desafiado para que lo que fluya de nosotras sea bueno. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Mateo 7:16, Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? (NBLA)

Gálatas 5:22, Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad. (NBLA)

¿Qué es lo más amable que alguien te ha dicho durante un conflicto?

Hoy, cuando surja un conflicto, prueba esto: detente, ora y pídele a Dios por algo sabio y significativo para decir. Pídele a Dios que libere tu alma de todas las cosas que podrían fluir de ti que no son vivificantes.

¡Nos encantaría escuchar lo que Dios te está mostrando hoy! Comparte tu opinión en los comentarios.

© 2021 por Nicki Koziarz. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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