Devocionales

Cómo superar uno de "esos días" cuando nos sentimos agotadas

9 de julio de 2021
»Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo. Juan 14:27 (NTV)

Había sido otro de “esos días” en una casa con hijas adolescentes donde las reacciones dramáticas parecían prevalecer en cada conversación.

Mientras mis niñas estaban arriba lidiando con sus emociones desbordadas, me encontraba abrumada con las mías. Los desafíos de la crianza de los hijos, además de hacer malabares con el peso del trabajo y la vida, habían comenzado a desgastarme.

Necesitando desesperadamente algo de serenidad, me retiré tranquilamente al pórtico delantero de mi casa para estar a solas con mis pensamientos y con Dios. Añoraba los días en los que la vida parecía más sencilla y menos caótica, cuando mis hijas eran pequeñas y el mayor problema del día solía ser si podían o no comer un refrigerio antes de cenar.

Fue entonces cuando noté algo que apenas se dejaba ver entre las agujas de pino debajo de un enorme acebo. Alcanzando debajo del arbusto, saqué piezas olvidadas del pasado: dos huevos plásticos de Pascua, descoloridos.

Al instante, vi una imagen mental de dos niñas rubias listas para la Pascua, con sus vestidos de color rosa, con volantes, jugando en la hierba verde y gruesa del patio delantero. Los dedos pequeños de las niñas rodeaban con fuerza las cestas de mimbre, coronadas con lazos grandes de color pastel mientras escondían con entusiasmo los huevos de colores brillantes bajo los arbustos de acebo y la paja de los pinos. Arbustos que eran entonces de treinta centímetros de alto ahora estaban midiendo más de tres metros. Mientras añoraba aún más esos días pasados, se me formó un nudo en la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas.

Pero a medida que ahora veía los huevos de Pascua a través de mis lágrimas, me di cuenta de que eran un pequeño regalo de Dios para mí. El versículo clave de hoy me vino a la mente como un soplo de aire fresco, recordándome de otro regalo que Dios nos da. Encontrado en el libro de Juan, este versículo promete que podemos disfrutar de la paz incluso en todos “esos días”.

»Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo. (Juan 14:27)

En Juan 14:15-31, Jesús comparte con Sus discípulos acerca del Espíritu Santo, prometiendo que este Espíritu los ayudaría a continuar aun después de que Jesús haya ascendido al cielo. Habla de la morada del Espíritu Santo en todos los creyentes (vv. 16-17), y cómo el Espíritu es quien nos equipa para seguir perseverando cuando estamos estresadas al máximo (vv. 26-27).

Jesús quiso dar consuelo y ánimo a Sus discípulos haciéndoles saber que Su paz estaría siempre a su alcance. Si somos seguidoras de Cristo, esa promesa de paz y consuelo es también para nosotras hoy.

Mientras seguía sentada en los escalones del pórtico, empecé a orar y pronto sentí el regalo de la paz de Dios que me calentaba por dentro mientras el sol brillante me calentaba por fuera. Me sentí agradecida por la bendición de la familia, incluso en los días más difíciles, y especialmente por la bendición de la paz de Dios en medio del caos.

En todas las etapas de la vida, habrá “esos días” en los que nos sintamos agotadas. Días en los que la paz parece inalcanzable debido a situaciones estresantes o desgarradoras. Días en los que nos sentimos frustradas, desesperanzadas o emocionalmente agotadas al enfrentar las luchas aparentemente interminables de la vida. Qué consuelo saber que, gracias a Jesús, podemos tener verdadera paz, incluso en circunstancias poco pacíficas.

En ese día en particular, cuando mi corazón se sentía pesado, Dios usó dos huevos de Pascua descoloridos como recordatorio de que, a pesar de los desafíos diarios de ser madre y de los diversos factores de estrés que parecían consumir mis días, la paz siempre está disponible en Él.

Querido Señor, la próxima vez que tenga uno de “esos días”, por favor dame una paz que supere el entendimiento. Ayúdame a confiar en Ti lo suficiente para recordar que no necesito dejar que el estrés y la preocupación roben mi alegría. Ayúdame a apreciar lo que está justo delante de mí, por muy duros que sean “esos días”. En el Nombre de Jesús, Amén.

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