Devocionales

Puedes hacer cosas difíciles, con un poco de ayuda

10 de agosto de 2021
Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo. 1 Tesalonicenses 5:11 (NVI)

Solíamos pasar nuestros fines de semanas juntas, conduciendo por todo el pueblo, visitando a familiares y amistades.

Como niña, estaba muy cómoda viajando con mi abuela, observando felizmente las interacciones y las conversaciones, mientras me quedaba en el trasfondo bastante callada.

Un día, en medio de nuestros paseos, paramos en una tienda. Cuando entramos por la puerta, inmediatamente vi a uno de mis compañeros de clase. Y después de mirarnos el uno al otro, desde un lado de la tienda a la otra, mi abuela me preguntó si nos conocíamos.

Dije, «Sí, abuelita», y me preguntó rápidamente si ya nos habíamos saludado. Esta vez, le dije que no. Y antes de saber lo que estaba pasando, me tenía cogida de la mano y cruzando la tienda hacia mi compañero.

No lo podía creer. No me gustaba esa sensación, la incomodidad de no saber qué decir o cómo decirlo. Mi compañero tampoco me había saludado, así que me dije a mí misma que quizás era mejor que nos quedáramos en lados opuestos de la tienda.

Pero, ahí estábamos, mirándonos cara a cara el uno al otro, de cerca.

Mi abuela se dio cuenta que la distancia no cambió nuestra indecisión para saludarnos, así que ella empezó a guiar la conversación. Nada muy complicado. Saludos sencillos y una conversación casual.

Cuando nos despedimos de mi compañero de clase, me sentí un poquito desorientada. Además, sentí que, con un poquito de ayuda, había logrado algo que parecía una cosa tan difícil para mí en aquel momento.

Con el paso del tiempo, he llegado a apreciar de verdad lo que ocurrió ese día. Si mi abuela no hubiera tomado el tiempo de apoyarnos en la interacción, quizás nos hubiéramos quedado en nuestra zona de comodidad, y nos hubiéramos seguido perdiendo las oportunidades, grandes y pequeñas.

A menudo, es fácil identificar lo que queremos, necesitamos y a lo que tenemos acceso, gracias a Dios. Lamentablemente, también es fácil permanecer donde estamos, mirando algo fijamente, renuente a mover nuestros pies. Considera por ti misma cuántas veces has decidido no actuar, porque hasta la idea de actuar se siente abrumadora.

Y si profundizamos lo suficiente, identificaremos también los momentos cuando hemos orado continuamente para que Dios hiciera o permitiera algo en nuestras vidas y, cuando llegó a suceder, no nos movimos.

Estos son los momentos cuando necesitamos que se nos acerque alguien, recordándonos que podemos sobrevivir a lo que nos aterroriza, podemos tener conversaciones e interacciones significativas aun cuando nos sentimos incómodas, y podemos dirigirnos hacia lo que Dios tiene disponible para nosotras, aun si lo hacemos a regañadientes.

Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo. (1 Tesalonicenses 5:11)

¿No es un alivio grande saber que Dios nos creó para viajar juntas, rodeándonos con personas que nos pueden guiar, animar y edificar?

Sí, ese fracaso pasado, esos sentimientos heridos que surgieron de esa relación o la percepción de estar sola y sin apoyo, puede que te hagan sentir un poco desorientada. Puede que quieras simplemente permanecer en tu zona de comodidad. Sin embargo, eso no tiene que ser el final de la historia. Tú puedes hacer cosas difíciles. Puede que solo necesites un poquito de ayuda.

Así que, sin importar lo que dudes en hacer, recuerda que Dios está justo ahí contigo, y Él también ha puesto a otras personas en tu vida para ayudarte a crecer y alcanzar tus metas.

Dios no tenía la intención de que solo vieras la vida pasar ante ti, amiga mía. Tú puedes participar, dar tu opinión, sobresalir y compartir experiencias significativas con aquellas personas a las que tienes la bendición de conocer en este viaje.

Querido Dios, perdóname por las oportunidades que dejé pasar al estar complacida en mi zona de comodidad. Gracias por aquellas personas a quienes has puesto en mi vida para viajar conmigo y por los momentos en los que me impulsaron hacia el potencial que voluntariamente dejaba pasar. Ayúdame a no malgastar ni un momento más de esta preciosa vida con indecisión. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Proverbios 27:17, El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre. (NVI)

Eclesiastés 4:9-10, Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! (NVI)

¿Quién te ha animado en tu caminar y qué aprendiste a causa de ello? ¿Cómo puedes estar presente y apoyar a alguien que necesita algo de guianza hoy?

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© 2021 por Tracie Braylock. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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