Devocionales

Encontrar descanso en la gracia que nunca se agota

20 de agosto de 2021
pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:9 (NVI)

De todos los retos que conlleva criar a un niño con necesidades especiales, encontrar el colegio adecuado ha sido una de las tareas más arduas. Por muy bien que empezara el año escolar, con frecuencia terminaba con lágrimas, miedos y el pensamiento horrible de que nosotros, como familia, no éramos lo suficientemente buenos o no dábamos la talla.

En una temporada especialmente agotadora, mi marido y yo nos encontramos, sin querer, en el lado equivocado de la administración escolar. Llevar a mi hijo al colegio era como ir a una batalla. Saliendo de la fila del auto con lágrimas, esperaba ansiosamente junto al teléfono y preparaba mi corazón cansado de madre para el informe negativo que seguramente recibiría al recogerlo.

Cada mañana en esa dolorosa temporada, conducía a la escuela preguntándome: ¿Será este el día en que dicen que ya no puede estar aquí? ¿O será este el día en que se acabe la gracia?

Era desgastante.

Me pregunto si tú también sientes el efecto agotador de intentar estar a la altura. Tal vez te esfuerzas en el trabajo para estar un paso por delante y no quedarte atrás. Tal vez la trampa de la comparación está hundiendo tu alegría en la maternidad. Tal vez tus relaciones penden de un hilo y sientes que estás a un solo error de defraudar a alguien.

Las circunstancias pueden cambiar, pero el resultado es el mismo: nos encontramos desgastadas por tratar constantemente de hacer las cosas bien, encajar en el molde y cumplir con la lista. Sabemos que Jesús prometió vida y paz, pero esos dones parecen un sueño en los días en que nuestras limitaciones están a flor de piel.

La verdad es que el mundo no es un lugar muy amable cuando nuestras debilidades salen a la luz. El mundo nos ofrece una “gracia” condicionada, que se agota a la primera señal de fracaso. Aunque intentemos tenerlo todo controlado, no podemos escapar a la verdad de que algo en nuestras vidas está destinado a delatar nuestros defectos.

El apóstol Pablo comprendía profundamente esta lucha. En tres ocasiones, rogó a Dios que le quitara un “aguijón” que tenía en la carne. Aunque no conocemos los detalles de este aguijón, sabemos que le causó angustia, y en 2ª Corintios 12:7 la caracterizó como “... un mensajero de Satanás...” enviado para “atormentarle” (NTV). ¡Y vaya que me identifico con eso!

Nuestro versículo clave, sin embargo, revela que el plan de Dios era más grande que simplemente eliminar el problema fastidioso de Pablo:

pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12:9)

Dios le recordó a Pablo que Su gracia, a diferencia de la del mundo, no se desvanece a la primera señal de nuestra debilidad. Por el contrario, reconocer humildemente nuestras insuficiencias y llevárselas a Él abre las puertas a Su músculo divino. Esta es una de las muchas verdades contraintuitivas del Evangelio: ¡el poder de Dios encuentra la perfección en nuestra imperfección!

En el consuelo de Su gracia, encontramos que nuestras fragilidades se transforman en un testimonio conmovedor del amor de Jesús que nos sostiene. Como en el caso de Pablo, nuestros “aguijones” ya no nos frenan, sino que incluso pueden convertirse en una fuente de alegría mientras esperamos con expectativa la extraordinaria obra que Jesús realizará a través de nuestras humildes vidas humanas.

Y en esto, encontramos el descanso, el auténtico descanso del alma. Este descanso nos invita a despojarnos de la vergüenza que rodea a nuestras debilidades. Prepara el camino hacia la paz porque sabemos que Dios utilizará nuestras debilidades para mostrar Su fuerza. La asombrosa gracia de Jesús, que todo lo basta, nos libera de la necesidad de esforzarnos, de medirnos y de intentar alcanzar la perfección, porque en nuestra mayor debilidad, Dios es más fuerte. Su gracia nunca se agota.

Hoy en día, mi hijo está prosperando en una escuela hermosa donde lo aman con todo, incluso sus peculiaridades. Estoy agradecida cada mañana. Sin embargo, también doy gracias por esa temporada dura, porque me enseñó a encontrar un respiro en el interminable suministro de gracia de Dios y a dejar de perseguir la aprobación vacía del hombre.

Lo que sea que nos depare estos días, deseo que podamos descansar en la seguridad de los brazos capaces y llenos de la gracia de Dios.

Querido Jesús, gracias por Tu gracia que nos sostiene y nunca se agota. Hoy, ayúdanos a traerte nuestras debilidades para que Tu poder brille en nosotras. Que encontremos nuestro descanso en Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Hebreos 4:16, Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. (NVI)

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© 2021 por Meredith Houston Carr. Todos los derechos reservados.

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