Devocionales

Dejemos de herir nuestros propios sentimientos

27 de agosto de 2021
Busco a alguien que venga a ayudarme, ¡pero a nadie se le ocurre hacerlo! Nadie me ayudará; a nadie le importa un bledo lo que me pasa. Salmos 142:4 (NTV)

Lo primero que hice fue revisar la columna de consejos de mi revista favorita. Pero esta vez, en lugar de entretenerme y fascinarme con las situaciones de los demás y los consejos que se daban, mis sentimientos fueron pisoteados y me dolió.

Una mujer explicó un conflicto personal y preguntó si debía enfrentar a la otra persona involucrada. Me sorprendió que la consejera de la columna dijo que “no”; la mujer estaba “hiriendo sus propios sentimientos” a causa de ese asunto y sería mejor dejarlo pasar.

La idea de “herir mis propios sentimientos” me golpeó de lleno en el corazón. No había admitido esta verdad sobre mí hasta que leí la frase en la revista, me di cuenta de que había estado hiriendo mis propios sentimientos durante años.

Suele ocurrir después de un problema real pero relativamente menor. En lugar de entregar mi dolor a Dios, dejar que Él me consuele y luego dejarlo ir, medito en ello, sintiéndome más ofendida cada vez que le doy vueltas al asunto. Mi mal humor, tristeza y martirio se agitan en cada vuelta, y a menudo me olvido de que Dios puede rescatarme de estos sentimientos.

¡Qué tonta pérdida de tiempo y energía! Pero conozco mis tendencias; regresaré a mis heridas, las agrandaré cada vez más y más, para sentirme más fuerte cuando soy débil. Tiendo a obsesionarme con la autocompasión en lugar de caminar en la vida nueva que Dios ofrece.

La autocompasión es un problema muy difícil de detectar en nosotras mismas. Por lo general está relacionada con un dolor real, que debe ser tratado con amor. Pero, a menudo ignoramos su sutil deslizamiento hacia el egoísmo, y podemos terminar regodeándonos en ella. El verdadero peligro de la autocompasión es que puede obstaculizar una relación más cercana con Dios.

En la Biblia, David experimentó muchos dolores verdaderos. El rechazo de su familia. Los celos del rey Saúl. La incomprensión de su esposa Mical. Sin embargo, de manera voluntaria, se desahogó de sus sentimientos heridos en Salmos 142:4:
“Busco a alguien que venga a ayudarme, ¡pero a nadie se le ocurre hacerlo! Nadie me ayudará; a nadie le importa un bledo lo que me pasa".

En este momento de tristeza y soledad, David podría haber estado tentado a sentir autocompasión. Fácilmente podría haber meditado sobre lo rechazado que se sentía y podría haber ampliado sus heridas por autoprotección. Lo peor de todo, podría haberse alejado de Dios para curar sus heridas en su propia fiesta de “autocompasión”.

Sin embargo, en el siguiente versículo, David inmediatamente se acercó en oración y le dijo a Dios: «Tú eres mi lugar de refugio. En verdad, eres todo lo que quiero en la vida» (Salmos 142:5b-c, NTV). David afirmó que su fuente de consuelo, provisión y fuerza estaba en Dios y no en sí mismo.

Con todo lo que David sufrió, habría sido muy fácil para él herir sus propios sentimientos una y otra vez. En lugar de eso, David entregó sus sentimientos a Dios y buscó constantemente una perspectiva celestial.

Dejemos de herir nuestros sentimientos e invitemos a Dios a examinar nuestros corazones, (Salmos 139:23-24) rindiéndonos a Su voluntad. Experimentaremos la paz de Dios más rápido cuando entreguemos nuestros sentimientos heridos primero a Él. Entonces podemos dejar ir la autocompasión, confiando en que Dios cuida de nuestros sentimientos incluso cuando nos duele.

Padre Dios, Tú ves mis sentimientos heridos. Sabes lo que es mejor para mí. Ayúdame a rendir mis sentimientos primero a ti para que la autocompasión no me tiente a alejarme de Ti. Confío en que Tú eres mi Sanador y Salvador, oh, Señor. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

1 Juan 3:20, que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo. (NVI)

¿De qué maneras estás hiriendo tus propios sentimientos? ¿Cómo podrían cambiar las cosas si primero le entregas tus sentimientos heridos a Dios? Comparte tus pensamientos en los comentarios.

© 2021 por Sarah Geringer. Todos los derechos reservados.

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