Devocionales

Sobreviviendo a las tormentas

7 de septiembre de 2021
Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. Filipenses 4: 6-7 (NBLA)

Hace diez años, las primeras olas de dificultad golpearon a mi familia.

La economía cayó y con ella nuestras vidas. Mi esposo fue despedido de su trabajo; nuestras cuentas bancarias se derrumbaron y nos vimos obligados a tomar decisiones financieras muy difíciles. Finalmente, perdimos nuestra casa, y con ella nuestra sensación de seguridad, y tuvimos que mudarnos a una casa que no contenía ninguno de nuestros recuerdos, pero sí muchas dificultades.

Oramos por paciencia para soportar el temporal. Hicimos todo lo posible para “sobrevivir” en la espera. Y mantuvimos la vista en el horizonte, buscando aguas más tranquilas. Pero la calma nunca llegó. Por el contrario, las olas seguían creciendo, y una tormenta parecía llevar a otra. Desde las continuas dificultades financieras hasta las pruebas en las relaciones, los problemas continuos de salud y más, nuestras vidas habían naufragado completamente.

Durante años oré para que Dios cambiara algo, cualquier cosa, en nuestras circunstancias.

Le rogué: «Señor, por favor, danos un respiro».

Negocié: «Si haces esto... te prometo que haré aquello…».

Y me quejé mucho: «Señor, es demasiado. ¡Esto no es justo!»

¿Alguna vez te has sentido como si estuvieras atascada en la vida? ¿O peor aún... hundida? Has intentado seguir avanzando, mantener la cabeza fuera del agua, pero las olas de la lucha son implacables. Se acabó la energía para poner una “buena cara” y fingir que todo está bien, porque definitivamente no lo está. Sobrevivir el día mientras temes el siguiente, es el ciclo interminable de tu realidad.

Conozco ese tipo de vida.

Sin embargo, las olas seguían llegando, y no podía evitar sentir como si mis oraciones hubieran sido archivadas bajo el "olvido". Así que dejé de orar por ello durante mucho tiempo, hasta hace poco.

Mientras leía el libro de Filipenses, me acordé del apóstol Pablo. Ahora bien, Pablo era un hombre que sabía un par de cosas sobre las circunstancias difíciles y los contratiempos. En sus viajes mientras predicaba el evangelio, navegó por una serie de dificultades: pobreza, palizas, naufragios literales y hambruna. De hecho, al momento de escribir Filipenses, era prisionero en Roma. Pablo tenía todas las razones para negociar, mendigar y refunfuñar sobre sus circunstancias. Pero no lo hizo, ni una palabra. En cambio, su carta a la iglesia de Filipos fue escrita con esperanza, llena de agradecimiento y rebosante de gozo.

Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús (Filipenses 4:6-7).

Este versículo en particular, tocó lo más profundo de mi alma con convicción. Pablo recordaba a sus compañeros creyentes que oraran “con acción de gracias… en “todo” (v. 6, énfasis añadido). Hacía tiempo que había olvidado la parte del “agradecimiento”.

Pablo aseguraba a sus compañeros creyentes que la paz de Dios triunfaría sobre cualquier circunstancia. Pero yo sólo deseaba que Dios cambiara mi circunstancia.

Pablo irradiaba alegría mientras estaba encadenado, pero yo me hundía en mi miseria.

Mi corazón había estado tan concentrado en la tormenta, que había perdido de vista la presencia fiel de Dios en medio de ella. Sabía que tenía que arrepentirme y volver a la oración. Y así lo hice. Pero ahora, mis oraciones suenan un poco diferentes. Esta vez, pido a Dios que cultive en mí un corazón agradecido por Sus provisiones diarias. Estoy buscando Su paz para protegerme de pensamientos ansiosos. Y estoy aprendiendo a elegir gozo cuando amenazan las nubes de desesperación y mi confianza tambalea.

Amigas, si se encuentran hundiéndose en medio de una temporada difícil, y su confianza está vacilando, ¡anímense! El Señor no sólo es soberano sobre cada circunstancia, sino que está con nosotras en cada circunstancia. Nuestras oraciones no han sido olvidadas. Nuestro Padre amoroso ha escuchado cada palabra. Él conoce nuestras luchas; Él desea levantarnos y Él está esperando para calmar las tormentas de nuestros corazones. Sólo tenemos que dirigirnos a Él y pedirle. Oro para que todas nos animemos a hacer eso hoy.

Padre Celestial, esto me humilla. Aleluya, Tú eres mi seguridad, ¡mis circunstancias no lo son! Abre mis ojos a Tus provisiones bondadosas. Fortalece mi confianza en Ti para que pueda irradiar más claramente Tu paz y Tu gozo en mi vida hoy. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

1 Pedro 5:7, Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. (NVI)

¿A qué circunstancias difíciles te enfrentas hoy? Busca en oración dónde has visto la gracia de Dios en tus circunstancias. ¡Déjanos saber tus pensamientos en los comentarios!

© 2021 por Corrie Gerbatz. Todos los derechos reservados.

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