Devocionales

El Dios de los lugares difíciles

24 de septiembre de 2021
Como el SEÑOR le había hablado, Agar le puso por nombre «El Dios que me ve», pues se decía: «Ahora he visto al que me ve». Génesis 16:13 (NVI)

Pensé que iba a ser una llamada telefónica normal.

El tono de su voz me hizo saber que esta conversación iba a ser cualquier cosa menos normal. Dejamos de lado la charla trivial sobre el clima y la actualidad y nos adentramos en el motivo principal de la conversación. «Tengo cáncer», dijo mi madre.

No esperaba que jamás volviera a decir esas dos palabras. Ella era una sobreviviente de cáncer de mama y había sido declarada sana hace ocho años. Esto no debería estar pasando, pensé.

Me pareció impactante e irreal escuchar esas palabras salir de su boca. Mi respuesta inicial fue de enojo con Dios. ¿Cómo pudiste permitir esto?, dije en mi mente. Luego repasé los hechos.

Mi madre necesitaba apoyo, pero yo era hija única.

Mi madre me necesitaba cerca, pero yo vivía en otro estado.

Y mi madre tenía más de 70 años y aún tenía mucha vida por delante.

La situación parecía muy injusta. Me sentí sola, abandonada y traicionada mientras lidiaba con la noticia de su diagnóstico.

Todo lo que había en mí quería que Dios lo hiciera desaparecer.

En la Biblia, hay otra mujer cuya situación parecía injusta.

En el capítulo 16 de Génesis se nos presenta a Agar. Era la sirvienta egipcia de Saray (también llamada Sara), esposa de Abram (también llamado Abraham). Saray estaba luchando contra la infertilidad, por lo que decidió tomar el asunto en sus propias manos. Le dijo a Abram: “—El SEÑOR me ha hecho estéril. Por lo tanto, ve y acuéstate con mi esclava Agar. Tal vez por medio de ella podré tener hijos” (Génesis 16:2, NVI).

Abram consintió con el plan de Saray, y Agar concibió un hijo llamado Ismael. La Escritura dice que cuando Agar supo que estaba embarazada, despreció a su ama. Imagino que Agar se sintió traicionada, aislada y maltratada. Algunas traducciones dicen que Agar trató despectivamente a Saray.

Luego Saray culpó a Abram: “Yo puse a mi esclava en tus brazos, y ahora que se ve embarazada me mira con desprecio” (Génesis 16:5b, NVI). Luego, Saray maltrató a Agar, y ella huyó, queriendo escapar de las circunstancias difíciles de su vida. Pude identificarme con ella cuando me enfrenté al diagnóstico de mi madre.

En ese momento, imagino que Agar se sintió utilizada, traicionada, aislada y maltratada. Debió sentir que su situación era muy injusta. Luego en Génesis 16:7, “El ángel del SEÑOR encontró a Agar en el desierto junto a un manantial de agua…” (NTV).

Muchos teólogos creen que el ángel del Señor era el Señor en forma angelical. Dios valoraba tanto a Agar que vino y pasó tiempo con ella. No tenía que buscarla porque sabemos que es omnisciente. Creo que la búsqueda fue en beneficio de Agar. Él quería que supiera que valía la pena buscarla.

Él quería que supiera que la veía y la amaba.

El ángel del Señor persiguió a Agar, entabló diálogo con ella y la escuchó. Luego le instruyó, “—Regresa a tu señora y sométete a su autoridad” (Génesis 16:9, NTV).

Dios no rescató a Agar de su difícil situación. No se abalanzó para sacarla de allí. Esta es una expectativa que he tenido en mis lugares difíciles. He anhelado que Dios intervenga y me libre de todas las cosas difíciles en mi vida, y que instantáneamente haga todas las cosas maravillosas y nuevas. Aquí vemos que ese no era el plan de Dios.

A veces Dios nos rescatará de los lugares difíciles y a veces nos sostendrá en medio de ellos. En ambos casos sigue siendo un Dios amoroso.

En los versículos 9-10, el ángel del Señor le dice, “—Regresa a tu señora y sométete a su autoridad…—Yo te daré más descendientes de los que puedas contar” (NTV).

Él está diciendo, «En el lugar donde te sientes quebrantada, aislada, abandonada y atemorizada, allí es donde voy a bendecirte». Debido a ello, Agar dice, “«Tú eres el Dios que me ve» También dijo: «¿De verdad he visto a Aquel que me ve?»” (Génesis 16:13, NTV)

Agar nos recuerda a todas el amor palpable de Dios cuando estamos sufriendo, solas, quebrantadas o atemorizadas. Nos recuerda que debemos ver a Dios viéndonos en nuestros lugares difíciles. Me la imagino diciendo:

«Aunque la vida es dura, veo que Dios me ve».
«Aunque me sienta sola, veo que Dios me ve».
«Aunque estoy asustada y quebrantada, veo que Dios me ve».

Ella sabía que Dios era El Roi, el Dios que ve.

Él sigue siendo el mismo Dios hoy. Nos ve a ti y a mi mientras atravesamos nuestros lugares difíciles. Es un Dios capaz de sostenernos en medio de ellos.

Mi madre continúa recibiendo tratamiento contra el cáncer. Dios no se abalanzó para salvarla de su enfermedad. Sin embargo, nos sostiene y nos bendice en este lugar difícil.

Querido Dios, sé que no soy invisible para ti. Tú me ves y también ves los desafíos que enfrento. Te interesas íntimamente por cada detalle de mi vida. Ayúdame a confiar y creer que me bendecirás y me sostendrás en mis lugares difíciles. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Salmos139:1, Oh SEÑOR, Tú me has escudriñado y conocido. (NBLA)

¿Cómo te ha bendecido y sostenido Dios en medio de un lugar difícil? ¿Cómo lo está haciendo ahora?

© 2021 por Kia Stephens. Todos los derechos reservados.

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