Devocionales

Bondad simple con gran impacto

Becky Keife 27 de octubre de 2021
Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta. Santiago 2:15-17 (NVI)

El olor a café y rollos de canela flotaba por la terminal llena de gente. Los pasajeros impacientes se congregaban cerca de la puerta de embarque, esperando que el empleado de la aerolínea anunciara su grupo de embarque. Yo estaba emocionada por irme a un retiro de escritores, pero volar no es mi actividad favorita.

Ya estaba empezando a sentir náuseas anticipadas (algo que sí sucede), y los chillidos fuertes cercanos no ayudaban. Vi a una mamá y su hijo pequeño frente a una máquina expendedora de golosinas. El niño pataleó hasta que su mamá le entregó una bolsa de galletas.

Pensé: ¡Galletas a las 8 de la mañana no ayudarán a nadie!

Inmediatamente, una punzada de convicción superó mi juicio rápido. Seguramente he repartido golosinas dulces a mis propios hijos a modo de conseguir unos minutos de paz y tranquilidad.

Señor, perdóname por juzgar rápidamente. Por favor, bendice a esta mamá con alguien amable y cariñoso con quien sentarse en el avión. Ayúdala a verte a Ti en su día. Amén.

Cuando finalmente embarcamos en el avión, me sorprendió encontrar toda mi fila vacía. Mientras metía mi mochila debajo del asiento, tuve una visión gloriosa: tres horas de descanso y productividad ininterrumpidas. Con el espacio adicional, podría concentrarme en prepararme para el retiro y luego dormir un poco. ¡Aterrizaría lista y renovada para todo lo que Dios había planeado! Ajusté la salida de aire y cerré la persiana. Respiro profundo. En realidad, este podría ser un gran vuelo.

Entonces ahí estaban. Esa mujer y su hijo pequeño con migas de galleta en la barbilla, tomando el asiento junto a mí.

«Solo quiero pedirte perdón de antemano», dijo su madre en voz baja.

Y lo supe. Sabía que Dios estaba respondiendo a mi oración por ella. Sé esa bendición.

«Ni te preocupes», le dije. «Tengo tres hijos. Sé que los espacios confinados pueden ser difíciles». Ella sonrió débilmente.

Las siguientes tres horas estuvieron marcadas por gritos y contorsiones. Cuando su mamá trató de hacer que el niño descansara en su regazo, sus pies patearon contra mi muslo. Cuando terminó la caricatura en su teléfono, cuando le ofreció el bocadillo equivocado, cuando dejó caer su auto de juguete por decimocuarta vez, el niño gritó. Su mamá mantuvo la calma.

«Estás bien», dijo ella.

«Estás bien», repitió él.

En un momento, entre el refrigerio de cortesía y la mujer frente a nosotros mirándonos de nuevo, empecé una conversación. Preguntas típicas: ¿Cuántos años tiene tu hijo? ¿Tienes otros hijos? ¿Regresas a casa o vas de viaje? El nombre del niño era Jack. Acababa de cumplir tres años y tenía dos hermanastros mayores. Estaban de camino a casa.

«No es fácil volar con un pequeño», le dije. «Estás haciendo un buen trabajo».

«Gracias», respondió ella. «Vamos mucho mejor que la última vez. A Jack le diagnosticaron autismo hace un par de meses. No se expresa mucho verbalmente y se frustra fácilmente. Pero comenzó su terapia y realmente está ayudando».

Tenía la esperanza de que este vuelo fuera un espacio tranquilo para trabajar y descansar. Eso no sucedió. Pero sí vislumbré a Jesús.

Los motores zumbaron más fuerte cuando hicimos nuestro descenso final. Jack se acercó más a su mamá. Con los dedos pequeños de los pies de un extraño presionados contra mí, todo lo que podía pensar era: ¿Qué pasa si a veces se supone que somos la respuesta a nuestra oración? ¿Y si cambiamos la forma en que oramos?

En lugar de simplemente decir «Señor, bendícelos», también podríamos orar: «Señor, prepárame para ser una bendición».

En lugar de simplemente decir «Señor, muéstrales bondad», también podríamos orar: «Señor, fortaléceme para ser amable».

En lugar de simplemente decir «Señor, provee», también podríamos orar: «Señor, dame ojos para ver y disposición para dar».

En el libro de Santiago, recibimos instrucciones claras no solo para desear lo mejor a los demás, sino también para hacer algo para satisfacer las necesidades que tenemos frente a nosotras. Santiago escribe, “Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:15-17).

La versión Palabra de Dios para Todos lo dice así: “si la fe no está acompañada de hechos, así sola está muerta” (Santiago 2:17).

“Muerta”. Puede sonar duro, pero en realidad me encanta cómo quita el filtro de nuestras palabras agradables y buenas intenciones y arroja luz sobre lo que es realmente importante: nuestra manera de vivir.

Dios nos dio Su Palabra para leer y Su Espíritu para susurrar al nuestro. Pero no basta con escuchar. Nuestra fe “consigue piernas” (puede andar) cuando convertimos el escuchar en acción.

El ajuste pequeño de centrarse en una misma a centrarse en los demás, de la percepción a la acción, es el comienzo de marcar la diferencia sencilla.

Dios, te confieso mi espíritu de crítica. Lamento la forma en que puse mis propias preferencias y mi agenda por encima de amar a la gente que tengo frente a mi. Ayúdame a buscar formas de ser bendición para alguien en su día. En el Nombre de Jesús, Amén.

Recomendamos

Si deseas marcar una diferencia significativa en el lugar donde te encuentras, utilizando exactamente lo que tienes, obtén una copia del nuevo libro de Becky Keife, The Simple Difference: How Every Small Kindness Makes a Big Impact. Y para una mirada más profunda a lo que dice la Escritura sobre el corazón de Dios para las personas y Su invitación a asociarse con Él, consulta el estudio, Courageous Kindness Bible Study.

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Profundicemos

1 Pedro 3:8-9, Por último, todos deben ser de un mismo parecer. Tengan compasión unos de otros. Ámense como hermanos y hermanas. Sean de buen corazón y mantengan una actitud humilde. No paguen mal por mal. No respondan con insultos cuando la gente los insulte. Por el contrario, contesten con una bendición. A esto los ha llamado Dios, y él les concederá su bendición. (NTV)

¿Qué puedes hacer hoy para bendecir a alguien?

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