Devocionales

No tienes que aferrarte; está bien caer

Rachel Norman 12 de octubre de 2022
«Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:3 (NBLA)

Durante muchos años, vivía al borde del abismo. A través de mudanzas internacionales, crisis matrimoniales, embarazos, temporadas de posparto y vida normal, casi siempre estuve en modo de supervivencia.

Llegaba al borde del abismo y haciendo todo lo posible por no caer. Mis oraciones durante los peores momentos solían ser algo así: ¡Dios, lo siento, mi vida no está en orden! Lo haré mejor mañana, ¡por favor, perdóname!

Algunas noches, me acostaba en la cama pensando en todas las formas en que había fallado ese día. No estuve tan presente como quería estar. Les contestaba mal a mis niños y usaba un tono que no era bueno. La casa no estaba lo suficientemente limpia… la cena que preparé no era lo suficientemente orgánica… y los pantalones me quedaban un poco apretados.

Como soy una persona capaz, encontrarme al borde del abismo se sentía como un problema más por resolver. Descargaría mis pensamientos en una lista, pensaría en 12 estrategias diferentes para mis tres problemas más grandes y comenzaría de nuevo al día siguiente.

Y esta estrategia funcionó bien… hasta que no funcionó. Hasta el día en que recibí un diagnóstico de salud devastador que me volvió física, mental y emocionalmente incapaz de aguantar más.

Me encontré al borde del abismo de verdad. Se me había acabado la energía. Así que me caí. Entré en una caída libre, lo que anteriormente habría sido mi peor pesadilla. Pero lo que encontré en mi caída libre fue una hermosa rendición.

Estaba muy aterrorizada por lo que me deparaba el futuro, pero incapaz de efectuar algún cambio real a pesar de mis mejores esfuerzos y fuerza humana. Por eso, me sentí libre de rendir todo el control. Todo mi esfuerzo. En lugar de quedarme estancada al borde del precipicio, explicándole a Dios todas las formas en que me convertiría en una mejor persona, me rendí a lo que fuera Su plan. Me volví pobre en espíritu y desesperada por la presencia de Dios. Y debido a que no estaba dando lo mejor de mí ni evitando mi propia realidad, pude recibir Su consuelo.

Mateo 5:3 dice, “«Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos”.

Lo que comenzó como mi peor pesadilla se convirtió en el mejor año de mi vida. Ese año aprendí a acercarme a Dios de manera transparente, real y sin tratar de demostrarle mi valor. Fue cuando aprendí que no necesitaba quedarme aterrorizada al borde del abismo para salvar mi vida, porque podía caer en Su consuelo, gracia y paz.

Una caída libre era justo lo que necesitaba para darme cuenta de que, de todos modos, nunca tuve el control, y Él siempre lo tuvo.

Dios, por favor, ayúdame a ser auténtica y real Contigo, sin ocultar cómo me siento o lo mal que me parece la vida. Ayúdame a aprender cómo recibir consuelo de Ti y cómo obtener fortaleza de Ti, no de mí misma. Ilumíname cuándo es el momento de soltar mis temores, Señor, y ayúdame a caer en Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Si deseas dejar de vivir en una caída libre y comenzar a aprender a confiar en el Señor y en la intuición y el sentido común que Dios te ha dado, echa un vistazo al libro de Rachel Norman, If Mama Ain’t Happy: Why Healthy Boundaries Are Good for Your Whole Family.

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Para obtener más consejos prácticos y alentadores para ser madre en este mundo moderno, echa un vistazo al blog de Rachel, A Mother Far from Home, y su canal de YouTube, Uncomplicating Family Life.

Profundicemos

Salmo 62:8, Confíen en Él en todo tiempo, Oh pueblo; derramen su corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio. (NBLA)

¿Cuál es un área de la vida en la que te encuentras estancada desde hace tiempo, sin pisar tierra firme, ni tampoco caer en el Señor?

Menciona algunas formas prácticas en las que puedes soltar tu control en esta área y cómo sería eso. ¡Comparte con nosotras en los comentarios!

© 2022 por Rachael Adams. Todos los derechos reservados.

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