Devocionales

Cuando decir “estoy bien” no mantiene la paz

Lysa TerKeurst 25 de octubre de 2022
En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. Santiago 3:17 (NVI)

Cuando alguien a quien amamos dice o hace algo que nos rompe el corazón, ¿cuál es la forma más piadosa de responder?

¿Acaso es fingir que todo está bien y así poder mantener la paz? ¿O se trata de enfrentarse a la persona para demostrar lo equivocada que está?

Pues no es ninguna de las dos cosas.

Si alguna vez me sorprendo fingiendo o comprobando, sé que no estoy confiando en Dios con el resultado y que estoy procesando mi dolor de manera equivocada.

La forma correcta es abordar esta situación con integridad de alma, respondiendo de manera no sólo honesta sino también pacífica. Nuestro versículo clave, Santiago 3:17, dice: “En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura [honesta], y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera” (énfasis añadido).

Sí, quiero esta clase de sabiduría, esta clase de integridad del alma. Quiero ser honesta y pacificadora al mismo tiempo. ¿Pero cómo?

Primero debemos decidirnos a comprometernos con la honestidad real. No todas las expresiones de mis sentimientos son de honestidad verdadera. Verás, mis sentimientos sinceros pueden no ser evaluaciones veraces de la situación. Puedo ser honesta con lo que siento y aun así exagerar o malinterpretar lo que es verdad. Puedo sentirme justificada por ser descarada con mis sentimientos, sin ocultar nada y orgullosa por ser tan “real”, todo bajo la apariencia de ser honesta.

Pero de lo que me he dado cuenta es de que la honestidad que no es verdadera no es honestidad en absoluto. Puede que solo sea un desahogo emocional. Por eso necesitamos la honestidad pacificadora, la honestidad refrenada por el Espíritu Santo, si queremos tener una auténtica integridad del alma.

Así que si quiero una honestidad verdadera, tengo que pedirle al Espíritu Santo que me muestre la verdad real. Necesito ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona. Tengo que hacer preguntas a esa persona con el deseo de comprender mejor en lugar de lanzar declaraciones de acusación. En última instancia, mi objetivo debería ser añadir paz a mi honestidad.

Debe contristar a Dios ver versiones falsas de la pacificación que no son controladas por la honestidad. Eso es lo que hacemos cuando fingimos que todo está BIEN.

Lo bueno de fingir que todo está bien es que tenemos la apariencia de “conciliación”. Pero cuando lo hacemos a costa de la honestidad, albergamos una amargura corrosiva que acabará aflorando. O bien erosionará nuestra salud y se presentará más tarde en una serie de enfermedades emocionales y físicas inducidas por la ansiedad, o bien se acumulará con el tiempo y sorprenderá a todos cuando la pacificadora acabe por estallar.

Decir “estoy bien” para mantener la paz, cuando realmente no estamos bien, no es honesto. Ay. Créeme cuando digo que esto me pisa los talones.

He aprendido que, a veces, la falta de honestidad consiste en decir cosas que no son ciertas. Pero también es deshonesto cuando no decimos cosas necesarias que son verdaderas. Puede parecer piadoso en el momento, pero es una piedad falsa.

La verdad y la piedad siempre van de la mano. En el momento en que separamos lo uno de lo otro, nos alejamos de la integridad del alma y damos pie a la inestabilidad que conduce inevitablemente a renunciar a lo mejor de lo que somos.

Sí, perseguimos la integridad del alma, la honestidad que es también la pacificación que conduce a la piedad.

Esta integridad del alma aporta equilibrio a las relaciones caóticas. Nos convierte en verdaderas pacificadoras: personas que no están comprobando ni fingiendo, sino que demuestran honestamente, de manera piadosa, lo que están experimentando. Y ser una verdadera pacificadora cosecha grandes cualidades en nuestras vidas: cosas correctas, cosas piadosas, cosas saludables.

Querido Señor, a través de Ti, soy capaz de establecer la manera en que proceso mi dolor bajo Tu autoridad y Verdad. Gracias por Tu Espíritu Santo, quien me da la sabiduría para ir más allá de mis reacciones. Ayúdame a apoyarme en Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Proverbios 15:1, La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. (NVI)

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© 2022 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados.


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