Devocionales

El regalo inesperado de las palabras amables

Carolyn Lacey 26 de abril de 2023
Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo. Efesios 4:32 (NBLA)

Cuando mis hijos eran pequeños, fomenté en casa la norma de “cero bromas”.

Aunque las bromas se suelen considerar bondadosas e inofensivas, sé que los comentarios burlones, aunque se hagan en chiste, pueden herir profundamente. Al fin y al cabo, suele haber algo de verdad detrás de esos comentarios desenfadados que podrían desatar sentimientos de fracaso, culpa o inutilidad.

Es fácil, en un momento de descuido, participar en una broma, hacer un comentario poco amable, dar una respuesta sarcástica o una réplica ingeniosa. Pero a menudo no nos paramos a pensar en cómo pueden caer nuestras palabras.

Hace unos meses, rompí mi propia regla y me uní a unas bromas ligeras con unos amigos. Hice una broma sobre la tendencia al pesimismo de una amiga, y en cuanto las palabras salieron de mi boca, supe que habían infligido dolor.

Mi amiga ya sabía que luchaba contra la negatividad, no necesitaba que yo se lo señalara, sobre todo delante de los demás. Se sentía culpable y frustrada por no ser tan alegremente optimista como otras mujeres. No necesitaba que utilizara su lucha como alimento para el entretenimiento.

Al ver cómo se le caía la cara de vergüenza y verla después retirarse a otra habitación, sentí vergüenza. Mis palabras fueron crueles, no amables. La humillaron en lugar de edificarla. Causaron daño, no bien.

Estoy agradecida de que mi amiga me mostró su gracia rápidamente cuando le pedí perdón. No me guardó rencor ni trató de hacerme sentir peor de lo que ya me sentía. Dijo palabras amables que yo no merecía.

Y eso es lo que pasa con la amabilidad: siempre es inmerecida.

Nuestro versículo clave, Efesios 4:32, nos ordena “Sean más bien amables unos con otros”. En el Nuevo Testamento, la palabra griega más utilizada para “amable” tiene menos que ver con ser simpático y dulce y más con la generosidad y la gracia. No es una respuesta automática a las buenas acciones de otra persona, sino un regalo inmerecido e inesperado. Por eso, las palabras amables pueden tener un impacto tan profundo y duradero en quienes las reciben.

Cuando sabemos que merecemos ser reprendidos o corregidos, pero en cambio se nos ofrece paciencia o afirmación, eso marca la diferencia en nuestro día.

Esto es lo que Dios hace por nosotras en Cristo.

Éramos sus enemigos a causa de nuestro pecado, pero si ponemos nuestra fe en Él, nos llama “amigos” (Juan 15:15). Merecemos quedar fuera de Su Reino, pero Él nos invita: “Vengan” (Mateo 11:28). Merecemos Su ira justa, pero Él nos ofrece el perdón (Efesios 2:3-7).

Él alienta constantemente nuestros corazones a través de las Escrituras con palabras de amabilidad. A los desolados, Él les dice: Yo estoy con ustedes. A los rechazados, los amo. A los débiles, Yo los fortaleceré. A los que sufren, Yo los sanaré (Isaías 43:3; Jeremías 31:3; Isaías 41:10; Ezequiel 34:16).

Nuestro Padre celestial nos prodiga palabras de amabilidad. Y Él puede moldear nuestro discurso para que aprendamos a hacer lo mismo.

Padre, a menudo digo cosas desagradables o hirientes, pero Tú hablas palabras de amabilidad y gracia. Gracias. Por favor ayúdame, por Tu Espíritu, a usar mis palabras para mostrar amabilidad que refleje Tu corazón y acerque a otros a Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Proverbios 16:24, Las palabras amables son como la miel: dulces al alma y saludables para el cuerpo. (NTV)

¿Cuándo has sido edificada por una amiga que habla palabras amables? ¿Por qué no le envías un mensaje de agradecimiento hoy?

¿A quién podrías animar con palabras amables esta semana? ¡Comparte con nosotras en los comentarios!

© 2023 por Carolyn Lacey. Todos los derechos reservados.

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