Devocionales

Sus manos no te harán daño

Rachel Marie Kang 22 de noviembre de 2023
»Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Juan 15:1 (NVI)

Ahora mismo, me hace falta la dulzura del verano, la piscina y la forma en que el agua me sostenía. Echo de menos a mi hijo, que ahora está en kinder, que me seguía como una sombra cosida a la mía. Y extraño la abundancia de arándanos recién recogidos de los arbustos. Echo de menos la forma en que se derretían en mi boca, una tras otra tras otra.

Pero no me hace falta la lección que me dieron los arándanos. Porque la lección permanece aún conmigo.

Éramos los cuatro: mi esposo, mis dos hijos y yo. Nos detuvimos en el estacionamiento sombreado reservado para no más de dos autos. Luego conocimos a la granjera, Gail. Nos enseñó la granja de arándanos, señalando las variedades: Blue Ridge, Tifblue y O'Neal.

«Para cuando salgan de aquí, sus lenguas deben estar azules», nos dijo. Quería que comiéramos arándanos, tantos como quisiéramos. Insistió en que buscáramos nuestra variedad favorita y llenáramos nuestros baldes de un galón hasta rebosar.

Así que allí estábamos, sudando y recogiendo arándanos bajo el ardiente sol del verano. Era casi como si cuanto más recogíamos, más veíamos. No pude evitar asombrarme ante tanta abundancia. Después de llenar nuestros baldes, medimos nuestros arándanos. Luego cortamos algunas zinnias del jardín de flores disponible para recolectar uno mismo. Pero antes de que pudiéramos bajar por el sendero hasta el arroyo, Gail quiso que nos sentáramos para escuchar la historia de la granja.

«Tuvimos que arrancar los arándanos de los arbustos durante dos años enteros», nos contó. Dijo que arrancar los arándanos era la única forma de garantizar que los arbustos echaran raíces que les permitieran soportar las estaciones duras y florecer con frutos. Nos dijo que estos arándanos desechados ni siquiera debían guardarse para mermeladas ni venderse con fines lucrativos.

Mi esposo y yo nos miramos y, por su mirada, me di cuenta de que estaba pensando lo mismo que yo. El último año había estado lleno de pérdidas para nosotros: en nuestro matrimonio, en nuestra familia, en nuestros trabajos, en nuestro círculo de amigos y en la vida de nuestros hijos. Habíamos sentido el dolor de la poda (el despojo de cosas buenas y aparentemente fructíferas) y el agotamiento de soportar una temporada que parecía no tener fin.

Y, sin embargo, por más dolorosa que sea la poda, no puedo evitar ver que Dios sigue siendo bueno. Me recuerda a Juan 15:1, donde Jesús dijo a Sus discípulos, “»Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador”. Para los que permanecen en Jesús, la poda tiene un propósito productivo y poderoso. Todos los agricultores y jardineros saben que deben podar si quieren que sus granjas y jardines florezcan. Asimismo, debemos ser podadas por nuestro Padre, quien sabe exactamente qué obstáculos quitar de nuestras vidas, si queremos florecer con el fruto del Señor.

Ahora, aquí estamos. El frío (en el norte), las vacaciones y todo eso. Y sin embargo, no puedo superar la verdad de que en cada temporada, las manos de Dios son buenas, y Sus manos no nos harán daño. Porque Dios, nuestro Padre, el buen Jardinero, no nos poda para castigarnos. Él nos poda para que podamos producir buen fruto (Juan 15:2).

Fruto que crece fielmente.
Fruto que perdura.
Fruto que alimenta, nutre y sana a quienes lo toman.
Fruto que da testimonio de la bondad de Dios y, en última instancia, trae gloria a Su nombre.

Dios, abre mis ojos para ver que Tú me estás podando para un propósito mayor. Ayúdame a permanecer en Ti, morar en Ti y crecer en Ti. Gracias por la bondad que crece bajo la superficie. Gracias por amarme y guiarme a través de todas mis estaciones. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Juan 15:2, Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. (NVI)

¿Qué está podando el Señor en tu vida en este momento? ¿Qué te ayuda a ver Su obra en tu vida como algo bueno?

Siempre estamos aquí para escuchar tu corazón; ven y comparte tus pensamientos en los comentarios.

© 2023 por Rachel Marie Kang. Todos los derechos reservados.


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