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Devocionales

Tengo miedo de lo que pasará si no intervengo

Lysa TerKeurst
President and Chief Visionary Officer of Proverbs 31 Ministries

18 de Agosto de 2026

This devotion is available in English
Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina. 2 Timoteo 1:7 (NTV)
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A veces la vida te rompe el corazón, y antes de poder dar un respiro luego de una situación difícil, llega otra. 

Ninguna de estas situaciones tiene que ser una tragedia mayúscula o un acontecimiento que cambie la vida para sentir el impacto. Es el sin parar de asuntos interminables, uno tras otro tras otro. 

Son las responsabilidades constantes las que hay que afrontar, pero nada está saliendo como uno quisiera. Todo es más complicado, más desafiante, más absorbente, más caro, más desconcertante y más frustrante. 

Son las cosas que duelen, como una amiga que sabes que se está distanciando. O un marido que se niega ir a terapia. O un jefe que sigue ignorando tus esfuerzos. Es ese hijo que amas con todo tu corazón, que tiene tanto potencial, pero que ahora se rebela y parece estar siempre enfadado contigo. 

Haz que pare. Por favor, Dios, ponle fin a todo esto.

Pero ¿qué hacemos cuando no lo hace? 

No es de extrañar que sintamos la necesidad de interponernos en la situación, encontrar la solución, redirigirlos e intervenir para acabar con el caos. Pero el Señor me ha estado ayudando a reconocer qué es lo que realmente impulsa ese deseo de controlarlo todo… el temor.

Profundicemos un poco más en este tema, porque un tipo de temor que podemos tener es un don divino y el otro no lo es. 

Comencemos con el temor que Dios nos ha dado. Podemos sentir miedo como una emoción humana natural que debería surgir cuando nos encontramos con algo amenazante o aterrador. Esto nos sirve de advertencia para tomar las medidas necesarias para buscar seguridad y protección. Este tipo de temor nos impide cruzar la calle sin mirar, nos advierte que no nos acerquemos demasiado al borde de un precipicio y nos impulsa a alejarnos de una serpiente venenosa. Estos temores cumplen una función saludable. 

Luego están los miedos que impulsan nuestro deseo de control, un espíritu de temor que no proviene de Dios. El versículo clave de hoy, 2 Timoteo 1:7, nos dice, “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina”. 

Vivir movidas por un espíritu de miedo significa que estamos siendo controladas e influenciadas negativamente por fuerzas espirituales que nos alejan de la confianza en Dios. Cuando tememos las decisiones de otra persona y empezamos a idear estrategias para rescatarle, corregirle o motivarle a hacer cambios que no está dispuesta a realizar, nos estamos acercando al control y alejándonos de la confianza en Dios. Este tipo de miedo no cumple ninguna función saludable. Puede perjudicar nuestro bienestar y resultar destructivo para nuestras relaciones.

He descubierto que si no reconozco y aprendo a gestionar estos miedos que impulsan mi deseo de controlar, caeré en patrones agotadores de intentar arreglar lo que ya sé que está más allá de mis capacidades. La ansiedad será mi compañera constante. La frustración me agotará. La desesperación perpetuará la mentira de que mi esfuerzo lo solucionará todo.

Todas podemos dejarnos engañar fácilmente por nuestro propio esfuerzo, porque a veces funciona. A veces, cuando logramos el éxito suficiente para solucionar una parte de la situación, nos creemos la mentira de que estos cambios demuestren que estamos arreglando las cosas.

Pero ¿puedo susurrar algo que debemos recordar? Cualquier cosa que logremos al intentar controlar las situaciones o a otras personas solo aumentará nuestra decepción cuando todo vuelva a desmoronarse.

Este tipo de decepción a veces lleva a la desilusión, lo que puede hacer que deseemos confiar cada vez menos en Dios. Si le pedimos a Dios que bendiga nuestros esfuerzos y estos fracasan, el espíritu del temor estará presente tentándonos a creer que es Dios quien nos ha fallado. 

El control resulta tan atractivo porque nos da una sensación de poder en situaciones en las que probablemente nos hemos sentido bastante impotentes e indefensos durante mucho tiempo. Amiga, sé que aceptar lo que no podemos cambiar puede parecer una rendición. Pero en realidad significa que finalmente viviremos en la única realidad en la que podemos seguir adelante. Y es un paso crucial en nuestro camino para dejar de permitir que las situaciones nos roben la paz y nos impidan mostrar nuestra mejor versión.

Jesús, Tú eres a quien necesito. Eres la fuente suprema de paz, protección y provisión cuando todo a mi alrededor se siente inestable, incierto e incontrolable. Por favor, ayúdame a soltar lo que no puedo controlar y a confiarte lo que no puedo solucionar. Calma mis pensamientos, protege mi espíritu y carga con lo que me resulta demasiado pesado. En el Nombre de Jesús, Amén.

RECOMENDAMOS

En algún momento de nuestras vidas, muchas de nosotras nos convencemos de que ciertas emociones no son buenas y de que no deberíamos sentirnos enojadas, tristes, asustadas o frustradas. Pero estas emociones tratan de decirnos algo … y cuando aprendemos a escucharlas, descubrimos una verdad que cambia todo. Los sentimientos no están para ser arreglados, sino para ser sentidos. Tienen la misión de conectarnos con nosotras mismas, con los demás y con Dios. Lee más en Ordena tus emociones por Jennie Allen para aprender a sentir y vivir libre.

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PROFUNDICEMOS

Salmo 34:4, Busqué al SEÑOR y él me respondió; me libró de todos mis temores. (NVI)

Ora hoy con estas palabras del Salmo 34:4. ¿Cómo puede ayudarte esto la próxima vez que sientas la necesidad de intervenir y tomar el control de una situación? 

Nos encantaría escuchar de ti hoy en los comentarios 

©2026 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados. 


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