Como aguas profundas es el propósito en el corazón del hombre, pero el hombre de entendimiento logrará extraerlo. Proverbios 20:5 (RVA-2015)
Las discusiones maritales casi nunca se tratan sobre el tema de la discusión.
Ella está frustrada por los platos. Él está irritado por el itinerario diario. Fácilmente pueden estar discutiendo por una hora sobre quién dijo qué y quién debería haber hecho qué, pero la solución nunca llega.
¿Por qué? Porque el asunto en discusión no se trata del asunto real.
En una evaluación que uso con parejas, la primera afirmación es la siguiente: “Mi cónyuge me presta atención regularmente y puedo obtener su atención fácilmente si la necesito”. Sólo alrededor del 15% de las parejas están totalmente de acuerdo con esa afirmación. Eso significa que la mayoría de nosotros vivimos en hogares donde, al menos parte del tiempo, nos sentimos invisibles, sin ser escuchados ni valorados.
Y cuando nos sentimos así, pocas veces decimos, «te extraño; necesito tu atención». En vez de ello, protestamos. Nos quejamos de los platos, del teléfono o del tono de voz. Discutimos una y otra vez sobre lo que se dijo o no se dijo. Creamos un ambiente de suma tensión por un asunto superficial, todo a causa de un dolor más profundo que yace debajo de la superficie.
Es tan fácil percibirlo en el matrimonio de los demás, pero está igualmente presente en el mío. He sentido el dolor de ser invisible, y también lo he provocado.
Proverbios 20:5 dice, “Como aguas profundas es el propósito en el corazón del hombre, pero el hombre de entendimiento logrará extraerlo”. ¡Qué imagen de lo que un matrimonio puede ser! Dos personas con suficiente entendimiento y atención para sacar a relucir lo que realmente está pasando debajo de la superficie.
Entonces la próxima vez que la frustración se manifieste en tu hogar, haz una pausa y pregúntate, ¿este asunto, realmente se trata sobre el tema en discusión, o en realidad es una cuestión de atención?
La mayoría de las veces, se trata de atención.
Yo lo llamo Déficit de Atención Marital (D.A.M.). Cuando nos sentimos invisibles, a menudo experimentamos sentimientos de enojo. Pasa tan seguido que cuando siento frustración, en primer lugar asumo que es porque no me siento visto ni valorado. En lugar de discutir acerca del asunto superficial que se está presentando, intento identificar y nombrar el verdadero problema. «Me siento desconectado. Necesito pasar tiempo contigo».
No es fácil decirlo; implica mostrarse vulnerable. Pero logra despertar el amor de mi esposa de una forma en que la crítica jamás pudo hacerlo. E inclina mi corazón a ofrecerse abiertamente en vez de esconderse detrás de una postura defensiva.
El querer la atención de tu cónyuge no te hace una persona demasiado apegada o dependiente. Dios nos creó para ser vistos y conocidos. Él escudriña nuestros corazones, conoce nuestros pensamientos y aún así se acerca. Y Aquél que conoce cada propósito de tu corazón puede darte la sabiduría y valentía para extraer tiernamente el corazón de la persona que amas.
El problema nunca fueron los platos. Siempre fue el corazón. Empecemos por ahí.
Señor, Tú conoces mejor que yo las aguas profundas de mi corazón. Cuando la frustración aparezca en mi matrimonio, dame entendimiento para ver lo que en realidad está pasando en mi cónyuge y en mi propio corazón. Ayúdame a intercambiar la crítica por honestidad y la queja por conexión. En el Nombre de Jesús, Amén.
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Una discusión rara vez trata sobre el motivo de la pelea, y un gran matrimonio se construye, no se encuentra. En The Creation of Us: How to Build a Great Marriage Without Losing Yourself, Kevin A. Thompson ayuda a las parejas a crear la conexión que realmente anhelan, permitiendo que ambos cónyuges se desarrollen al máximo sin perder de vista el propósito individual para el cual cada uno fue creado por Dios.
Conéctate con Kevin en Instagram @kevin_a_thompson o en su página web en changetheodds.com, donde él escribe regularmente sobre los temas del matrimonio, la familia y la fe.
Salmo 139:1-2, SEÑOR, tú me examinas y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. (NVI)
Piensa en el último desacuerdo que hubo en tu hogar. ¿Se trató la discusión sobre el asunto real? ¿O realmente fueron quejas porque uno de los dos se sentía invisible?
¿De qué manera puedes pausar y “empezar con tu corazón” esta semana con tu cónyuge? ¡Comparte con nosotros en los comentarios!
© 2026 por Kevin A. Thompson. Todos los derechos reservados.
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