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Devocionales

Cuando el perdón no te sana

Nona Jones

19 de Octubre de 2026

This devotion is available in English
SEÑOR, tú has visto todo esto; no te quedes callado. ¡Señor, no te alejes de mí! Salmo 35:22 (NVI)
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En el año 2024, invité a mis lectores a enviarme por correo electrónico sus historias sobre cómo habían sanado del rechazo. Pensé que tal vez unos cuantos responderían. En cambio, recibí miles de correos electrónicos emotivos y conmovedores.

Al leerlos, noté un tema en común entre ellos y repetido en un correo electrónico de una mujer llamada Beth. Después de haber sido profundamente herida por su esposo, Beth escribió, “Lo he perdonado, ¡pero sigo enojada! ¿Por qué sigo sintiéndome así después de haberlo perdonado?”. 

La pregunta de Beth es una que muchas de nosotras nos hacemos, si somos honestas. Si el perdón es la solución al dolor, ¿por qué seguimos enojadas después de perdonar? Creo que es porque el perdón y la sanidad no son lo mismo.

Imagina que vas en tu bicicleta y alguien se desvía hacia tu carril y te fractura una pierna. Aunque lo perdones, sigues teniendo la pierna rota. Si no es atendida, se infectará y, con el tiempo, te costará la extremidad. Muchas de nosotras vamos cojeando por la vida con el equivalente emocional de un corazón roto, infectado y amputado. Entonces, ¿cómo sanas la herida que permanece después de la ofensa? Preguntémosle a David en la Biblia.

La mayoría de nosotras conocemos a David como el pastor joven que derrotó a Goliat y se convirtió en rey de Israel. Pero entre esos dos grandes acontecimientos, David se convirtió en el blanco de los celos asesinos del rey Saúl, traicionado, calumniado y perseguido por 10 a 15 años, aunque no había hecho nada para merecerlo.

Aquí es donde se pone interesante. En una ocasión David tuvo la oportunidad de matar a Saúl en una cueva, pero se negó a hacerlo; incluso salió corriendo para demostrar que no tenía malas intenciones (1 Samuel 24:12-13). Y aun así, Saúl siguió con su plan de matarlo. Fue en medio de esa exasperación que David dio el ejemplo de cómo manejar el enojo que persiste después del perdón, especialmente cuando el ofensor no se arrepiente… David oró.

Pero no hizo oraciones bonitas y acarameladas. En el Salmo 35, David expresó su dolor a través de la oración. Fueron oraciones crudas, sin filtros y honestas, pidiéndole a Dios que lo vindicara frente a Saúl y que hiciera justicia. “SEÑOR, tú has visto todo esto; no te quedes callado. ¡Señor, no te alejes de mí!” (Salmo 35:22). En casi 30 salmos como este, llamados salmos imprecatorios porque David clama a Dios pidiendo Su juicio sobre sus enemigos, David nos muestra el poder de la oración sincera cuando el perdón no trae sanidad.

Dios mismo escogió a David describiéndolo como un hombre conforme a Su propio corazón (1 Samuel 13:14). Si David podía orar con sinceridad, admitiendo el enojo, la angustia e incluso el deseo de venganza, ¿por qué creemos que tenemos que fingir que no sentimos lo que sentimos? El dolor que no se procesa por completo no desaparece solo porque perdonemos. En cambio, se reprime. Entonces, ¿qué pasaría si exteriorizaras tu dolor expresándolo con sinceridad ante el Dios que ya sabe exactamente cómo te sientes?

El sentirte herida no es una equivocación, y Dios quiere ayudarte a sanar. Empieza por ser sincera con Él.

Dios, Te necesito. Estoy cansada de fingir que estoy bien. Lo que me hicieron estuvo mal, y te pido que les pagues según Tu Palabra. Confío en Tu justicia, y de hoy en adelante, traeré mi dolor ante Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

Las secciones siguientes pueden contener enlaces de contenido solo en inglés.

RECOMENDAMOS

Si buscas una guía práctica para sanar el dolor que permanece después del perdón, obtén un ejemplar del libro de Nona Jones, The Power of Petty Prayers: How to Heal Your Hurt When You’re Wounded, Weary, and Just Plain Mad. Como cristianas, a menudo se nos anima a sonreír a pesar del dolor, a perdonar antes de que hayamos dejado de sangrar y a controlar nuestras emociones. Aprendemos a ser amables, pero no a ser honestas. Cómo poner la otra mejilla, pero no cómo lidiar con el dolor. En el libro The Power of Petty Prayers, Nona presenta un marco bíblico audaz para la oración y revela cómo la oración honesta es la clave para una vida de oración vulnerable y auténtica.

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PROFUNDICEMOS

Salmo 35:23-24, ¡Despierta! ¡Levántate en mi defensa! ¡Defiéndeme, mi Dios y Señor! Júzgame según tu justicia, SEÑOR mi Dios; no dejes que se burlen de mí. (NVI)

Piensa en un dolor que hayas experimentado. ¿Qué impacto tuvo esa ofensa en tu vida y cómo puedes invitar a Dios a participar en la reparación necesaria para lidiar con esos efectos?

¡Nos encantaría saber de ti! Comparte tus pensamientos en los comentarios.

© 2026 por Nona Jones. Todos los derechos reservados. 

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